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Chema Sánchez

En corto y por derecho

Chema Sánchez


El sueño de Dolores

15/01/2022

Pequeña, desgarbada, con el pelo rubio platino, cortísimo. Y el gesto torcido. De aquella niña rara y acomplejada había quienes murmuraban que había sufrido abusos. Pero, quién iba a abusar de ella… Un esperpento, vamos. Jamás llegaría lejos. Menos aún cuando su padre, el granjero Terry, no había podido criarla como mandaban los cánones de la época en una rural Irlanda, en aquellos años 70 sumergidos en crisis global, porque había quedado imposibilitado para poder trabajar tras sufrir un gravísimo accidente de motocicleta. Pobre hombre… Qué futuro… Nadie apostaría por ella.
Pero Dolores tenía un sueño, en realidad dos: contar y cantar. Dolores tenía más arrestos que todos los que no creían en ella. Trabajó duro. Silente y constante, pero a la vez elevando el tono. Quizás demasiado. Y así forjó una de las mejores voces que ha tenido el pop mundial: rotunda, sencilla –que no simple–, única…c Como salida de una escuela de juglares de un pueblo celta. 
No tuvo una vida fácil. Ni antes ni después de llegar a la cima, menos aún cuando conoció el abismo de la fama.
Es 13 de agosto de 1994. Hay un sol radiante. El público se mueve, inquieto. Aplaude. Hay torsos desnudos surcando los aires. Dolores Mary Eileen O'fRiordan ha aceptado hace unas semanas subirse al escenario sur de Woodstock 1994, un certamen musical que huele a negocio. Lo hace con un vestido negro que descubre su espalda. Surcado, en su frontal, por una enorme cruz de plata. Ella recorre el escenario sobre unas Dr. Martens. Tras las bambalinas, quieren rememorar el cuarto de siglo del festival de festivales que confirmó, en 1969, la relevancia del movimiento hippy a los ojos de occidente. Aquello que se denominó contracultura había emergido al otro lado de los Estados Unidos, en el entorno de una San Francisco, pero dio igual. Aquella California donde sólo parecía haber jóvenes colocados, melenudos y con pantalones de campana y camisas de tirantes, que profundizaban en valores como la paz y el amor libre, se podía exportar a los siete mares. Por supuesto, a Nueva York.
Pero, volvamos a Dolores. Suenan los primeros acordes de Dreams. La ejecución de esa canción es perfecta. Sin más. Perfecta. Aquel sábado soleado en Winston Farm, Saugerties –a dos horas de Nueva York–, luego se adornará de lluvia y fango. Se extraña a algunas de las grandes estrellas del momento, el cartel flojea. Ahora bien, cuando aquella jovencita se aproxima al micrófono, todos se detienen, como si se percatasen de que tienen ante sus ojos un acontecimiento excepcional, como cuando Hendrix incendió su guitarra en Monterey. El sueño se hace realidad. Ha nacido una estrella. 
De aquella cita musical, que pasó con más pena que gloria, se extrajeron pocos hechos noticiosos, pero sí ocurrió como cuando un jugador de la cantera salta al césped para defender los colores del equipo en declive, despunta por dar un toque, dos pases y tres carreras y copa los titulares durante varios días. Aquella jovencita, Dolores, con apenas 23 añitos, regateó al destino e iluminó aquel día. 
Junto a los tres componentes de The Cranberries había publicado, unos meses atrás, un sorprendente disco, Everybody else is doing it, so why can'ft we?, que en cristiano traducimos como Todo el mundo lo hace, así que, ¿por qué nosotros no íbamos a hacerlo? Una frase muy de estos tiempos, en los que hay que discutir hasta por la forma de atarse los cordones. En aquel trabajo se incorporaba Dreams, una canción que nos acompaña desde entonces, que hay que hacer sonar de vez en cuando. Toda la vida cambiando, en todos los caminos posibles. Lo más constante en esta aventura vital es el cambio.
Dolores se fue de este mundo un día como hoy de hace cuatro años. Según se dijo entonces bebía mucho, tenía trastorno bipolar… A nosotros nos dejó un legado único. Por lo que podía leerse en las crónicas morbosas del momento se fue triste, deprimida... 
Dolores tuvo un sueño. Nunca escuchó a los que hablaban a sus espaldas. Y nos regaló experiencias. Sonidos. Vida. ¿Hay algo más bonito que regalar?.. Esta pandemia ha dejado muchos corazones huérfanos, muchas cabezas tocadas. No ha traído, por lo general, buenos momentos. Y hay hordas de gente esperando con el sable para cortar la sandía. ¡No hagamos todo esto aún más difícil! 
A Dolores, ya muerta, la revista que genera el listado musical más importante del mundo, la norteamericana Billboard, la consideró la artista femenina más destacada de todos los tiempos en listados de música alternativa. Los méritos, en vida. Querámonos, que el tiempo vuela. Ya me entienden.