Doble click

Francisco I. Pérez de Pablo


El año está echado para la hostelería

12/01/2021

Te parten las piernas y luego pretenden salir como salvadores dándote  una muleta. La frase la escuche la semana pasada de un empresario del sector de hostelería tras conocer las nuevas medidas políticas covid que afectan a Ávila –fase 4 extra y cierre perimetral hasta mayo como poco–. Con ingenio y tirando de ironía el sector de bares y restaurantes salieron la semana pasada en las redes sociales de manera individual y consumición en mano «celebrando» las medidas tras conocer que han de volver a cerrar e invitando a sus clientes a disfrutar de lo único permitido, unas terrazas nevadas al aire libre –alguno incluso había colocado sobre la mesa el cartel de reservado para autoridades, pero no se pasaron–.
Todos los Estados bien gobernados y todos los príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento. Frase de Maquiavelo, que tenía para todos los gustos, como la que vaticina que el fin justifica los medios con la no menos predictiva de que vale más hacer y arrepentirse que no hacer y arrepentirse más tarde. La cuestión es ante este panorama cuales y como se va a producir esos arrepentimientos en unos y otros, entiéndase en los dirigentes y en los empresarios a título individual. El coste político queda aún lejano de cualquier cita electoral y en todo caso los estrategas confiaran en que la memoria es débil y todo esto, dentro de dos años, se habrá olvidado. ¿O no?
Poner el foco y «criminalizar» a un sector tan amplio y tan demandado socialmente como es la hostelería no es ningún acierto, sino que desde junio viene siendo una tremenda equivocación en términos de PIB, máxime cuando en la autonomía madrileña limítrofe las medidas han sido muy diferentes. Que pueden hacer unos empresarios –en su mayoría autónomos–, que han perdido todas las citas y campañas de ocio y gastronómicas del año anterior y que ven como este año continúa por los mismos derroteros o peores, pues hay que sumar lo ya acumulado y no en términos positivos. 
La raza emprendedora, a diferencia de la funcionarial, es la que ha movido y volverá a mover no solo la economía, sino a la propia sociedad, aunque no estarán todos pues muchos han decidido bajar los brazos definitivamente y en muchas de las casas de los patronos la conversación en la sobremesa está girando en torno a otra frase no menos preocupante «voy a cerrar el bar…».  Supongo, sin embargo, que en los confortables despachos de la responsables políticos la respuesta no es otra que un mezquino «ajo… y agua…», porque es lo que toca amparándose en el principio ético que justificaría elegir un mal con tal de evitar otro. Principio que sin embargo choca con otros principios como no cometer ningún mal, como la injusticia. 
 Esto es lo que ha sucedido. La autoridad gubernativa en Castilla y León ha optado por cerrar negocios, clausurar el territorio y consiguientemente sellar una débil economía sustentada en pymes durante al menos cinco meses lo que supone de facto tener echado el año –aunque estemos el inicio– para un amplio sector transversal que basa su negocio en la confianza de los clientes (la externa va a ser más recelosa) y en la destruida confianza empresarial. La pregunta que no va a tener respuesta política es si había o hay otras soluciones contando ya con las vacunas, pues confiar en las nieves de «filomena» como año de bienes no deja de ser un refrán agrario.