ENTRE HOY Y MAÑANA

Juan Manuel Pérez

Periodista


Pervertir la democracia

13/03/2021

He visto al líder de Más Madrid y examigo de Pablo Iglesias, Iñigo Errejón, soltar espumarajos en la tele contra Isabel Díaz Ayuso por su decisión de adelantar las elecciones. Llegó a calificar de «fraude» la convocatoria. He leído en un medio acusar de trumpista a la presidenta madrileña por la misma razón. Desconozco, ingenuo de mí, quién está en condiciones de garantizar que Ayuso va a ganar los comicios del 4 de mayo, y mucho menos que vaya a poder gobernar, aunque gane, una vez que Ciudadanos se ha echado en brazos del PSOE y de Podemos en algunas comunidades. Las urnas son soberanas y los ciudadanos, en este caso los madrileños, tienen la oportunidad de juzgar la gestión y las formas de la lideresa del PP y decidir, ellos, no los negociadores de los partidos, si debe seguir en la Presidencia de su comunidad o marcharse de carril al vertedero de los políticos amortizados. El intento de frenar ese proceso democrático con artimañas jurídicas no es más que un reflejo de estos tiempos fatuos, donde los partidos se han envalentonado ante la pasividad de buena parte de la sociedad, dispuesta a desayunar un sapo cada mañana.
Apelan los reaccionarios al adelanto electoral al coste económico que acarrea dejar votar a la gente. Nada dicen del despilfarro que traen en la mochila las mociones de censura, donde la amalgama de partidos que hacen falta para sacarla adelante se traduce en una multiplicación exponencial del número de asesores y enchufados en cargos y carguitos.
En Castilla y León, Luis Tudanca se apresuró a presentar la moción de censura pregonada desde hace semanas para evitar la tentación de Mañueco de hacerse un Ayuso. Tal y como está Ciudadanos en este momento, nadie, ni Igea, ni mucho menos Arrimadas, puede garantizar que no habrá tamayos entre sus procuradores. Un periodista llegó a preguntar al vicepresidente de la Junta, en su comparecencia conjunta del jueves con el presidente, si tenía algún documento firmado por los parlamentarios naranjas en el que se comprometieran a rechazar la moción. Respondió que no, que solo tenía que mirarles a los ojos para saberlo. Qué difícil resulta encontrar entre los políticos de ahora miradas francas y palabras dadas.