Pensando

José Ignacio Dávila


Cada día

18/12/2020

La verdad de cada día se lee pisando el suelo, en familia, en vecinos que saludar, y comunidad por hacer la nación que nos pertenece a todos, Es un patrimonio común, nuestro, que no precisa de conocimientos jurídicos, ni desequilibrios políticos en las cosas del partidismo electoral, cuando lo importante es el prestigio que dan las obras bien realizadas, la presencia de una Constitución evolutiva en la defensa de los valores y derechos, para defender el fruto del trabajo bien realizado para mantener la producción, la empresa, y el derecho llegar con la cabeza en alto como parte de la sociedad productiva de la empresa nacional, autonómica y local, que no hacen diferencias para llegar al fin de mes, en lo importante: alimento familiar en la realidad de la vida que nos pertenece para vivir, sin que nadie nos defina el presente, ni el futuro por adivinar, cuando lo importante es tener de qué vivir, nosotros y los hijos; y ya se verá después el arrullo de la opción política, por mucho que nos adivine lo que se puede escribir en las nubes.
La filantropía y la ideología necesitan el sustento material que legitima la dignidad de la persona por encima de esas cosas de las diferencias, cuando el corazón está en la zona izquierda, el hígado por la derecha, y la sangre fluye mejor por conductos sin obstáculos, por el centro, derecha, izquierda, desde lo bajo a lo alto del cuerpo social que nos corresponde y pertenece. 
La cabeza del pueblo que piensa, pisa el suelo y vive la vida real, sin fantasías, acumula las experiencias de historias pasadas de padres a hijos, archivos depositados en la gramática parda de la memoria, en la carne y hueso de la sociedad y de las familias, en las culturas que fluyen desde el cerebro común de todo un pueblo, en el que la vida ha depositado la suma de opciones políticas que enriquecen el equilibrio social; las aspiraciones materiales en las cosas del dinero en el legítimo fruto del estudio, esfuerzo y formación de nuestro pequeño mundo sin fronteras.
El poder político pasará a la historia del polvo en el camino de lo bueno o malo, y ahí se definirán las responsabilidades en la sentencia social, conforme al valor de los frutos que valorarán los peritos de la cultura constitucional, en la experiencia multipersonal,  intelectual y material de todas las familias, de la realidad en las intrahistorias de casa, más o menos boyantes en las cosas sociales, laborales. 
Son tiempos virales, en las horas en necesarias llamadas a la responsabilidad, sin desatinos, desde la alta cumbre social hasta la vida normal, de cada día, que no puede admitir el hecho de ser parte de una comunión de seres como meros espectadores; somos personas que estamos por aquí, en nuestra patria chica, sobre el suelo común familiar y social, inmersos en la situación viral de los mensajes en redes sociales, cuando utilizamos un idioma común, español, cuando las cosas se ponen bajo colores de luces que no suman todas la cualidades de la luz social, política y de la unión necesaria para explicar, informar y comprender qué nos está pasando.
La historia nos hace responsables de la obligación de sumar voluntades en positivo, por dejar una sociedad mejor para las nuevas generaciones, respetar su libertad personal, ideología, y ser protagonistas de su propia vida personal y familiar, en herencias que deben ser enriquecidas por todo el cuerpo social, en la fuerza y en la riqueza del derecho a ser ciudadanos en la revolución diaria de la convivencia en pluralidad, en el esfuerzo por una economía saneada en el equilibrio social y democrático del derecho a ser ciudadano en familia desde el principio al fin de cada mes.
En tiempos virales, las disensiones impiden ver la realidad y se puede ver la vida a) como protagonistas de una novela, de las buenas; b) o ser visionarios de una película de fantasía, en estos tiempos en que se lee poco, se ve mucha pantalla, y la presión viral no deja en paz a la vida por vivir en familia, en compañía y en amistad, por culpa del virus llamado bicho al que derrotar, c) o asumir nuestra presencia social y familiar y ser responsables y colaboradores en la vida que reside en nosotros, en familias y en vecinos por vivir y tener presentes cada día.
Las lecciones de la historia son interesantes, algunas dicen cosas tan fuertes que sorprenden:  a) porque no se lee la historia española y conviene conocerla para poder opinar; b) comprender y asimilar nuestra cultura española, para respetar nuestra suma de ciudadanía en la historia común, sin visiones virales. 
En las cosas de las políticas añejas, por ejemplo, ya en el siglo XI se inicia en Cataluña, la plasmación escrita (que descubre la opinión de la calle) como parte de la comunidad soberana de la nación española: Catalunya, que ya en 1557 se alabara como: esta provincia no sólo es España, pero es la mejor de Españai (Cristòfol Despuig); otro ejemplo más reciente del siglo pasado: / el más grave error que pueda padecer el nacionalismo vasco es el de estimar que su fin está en la independenciaii (Sabino Áarana Goiri). En la política del valor soberano, somos partes de la historia de la nación española, de España como madre de muchos pueblos, tal como los grandes historiadores, desde los godos, hasta los nativos que llevamos tantos años en constitución por respetar, descubrir en cada amanecer, al alba del día por vivir.