En corto y por derecho

Chema Sánchez


Cubatas de libro

27/06/2020

El miedo es libre, lo ha sido especialmente durante estos últimos meses. Unos meses que le han venido muy grandes a más de uno. Y no hablo sólo de algunos de nuestros políticos, entre ellos esos campechanos que no aceptan la más mínima crítica y a la mínima echan bilis por la boca. El perímetro del COVID-19 nos ha venido grande a casi todos. 
Y, aunque no queramos reconocerlo, nos ha cambiado para siempre en cierto modo. Han sido meses de muchas lágrimas, de incertidumbre -que prosigue-, de rabia y de medias tintas. Aunque, conociéndonos, lo superaremos.
Instalados como estamos en la España del buenismo y el edulcoramiento nauseabundo, a casi todos nos ha quedado claro que es más importante un cubata que un libro de texto (también a los más pequeños, que están mucho más atentos de lo que parece al entorno) y que un funcionario, por el mero hecho de serlo, puede conciliar al estilo campeón. Votos. Y eso, ojo, con la aquiescencia de todos, que para eso pagamos impuestos. Estos meses han premiado a los devoradores de Netflix frente a los que, aunque no lo fuéramos, hemos tenido que funcionar día sí y día también.
Es cierto que hemos de destacar la honrosa excepción de todos esos hombres y mujeres que lucharon con espadas de madera contra el virus en los hospitales y espacios sociosanitarios. Nunca habrá dinero en el mundo para amortizar la deuda que hemos contraído con ellos. 
Nuestros funcionarios conciliaron y conciliarán, como digo, estupendamente, mientras los demás no es que hayamos tenido que hacer malabarismos, es que nos hemos hecho expertos en las artes circenses, pese a lo cual todavía cruzamos los dedos para que la pandemia eche cuerpo a tierra y esos brotes que nos recuerdan a los momentos iniciales de esta pesadilla, se vayan mitigando. No estamos en las mismas condiciones que en marzo, por suerte, pero infunde respeto ver que en el mapa cada vez vayan surgiendo más hitos.
Hemos pasado de las dichosas fases al desfase, y ya hay una enorme preocupación porque no abren las piscinas, o lo hacen con restricciones de aforo, cuando hace dos días muchos estábamos como locos porque nos dejaran pasar de provincia. No es mala señal. 
Habrán oído esa tontería de que el periodo coronavirus nos ha hecho valorar lo realmente importante. Pero se nos pasará… Sí, porque lo esencial no es otra cosa que las personas. Las que se fueron, las que están… Esos pequeños que han demostrado estar -ellos sí- a la altura de la situación. Ellos merecen todas las piscinas del mundo, un verano increíble, inolvidable, único. Para recordar. Seguramente lo tendrán, porque ellos han mantenido el miedo en la mochila, pero a la vez han aprendido muchas cosas. Tal vez no Matemáticas ni Lengua como deberían, pero sí han dado y a la vez captado una lección de vida. El sacrificio tiene premio. Y en este caso, el premio ha sido ver la luz. El aire. El sol. La lluvia que no se marcha. La manzanilla que empieza a brotar… El verano será más mágico que nunca porque el invierno se prolongó durante más tiempo, tres meses más de lo previsto. Ha sido mucho más frío que el de Juego de Tronos.
Es hora de airearnos, sin alharacas, porque las letras de «the end» aún no han aparecido en pantalla. Pero, a mi modesto entender, todos –no sólo los funcionarios– este año sí, nos hemos ganado un poco de descanso, de mimo y cariño, que no siempre hemos tenido. Ya veremos cómo afrontamos el futuro, porque vienen curvas, pero… habrá que respirar un poquito, ¿no creen? Ya me entienden.