El líder que hay en ti

Roberto Serna


Cada golpe que recibas

08/08/2020

Cuando la cara amarga de la vida llama a la puerta, los cobardes abren, la reciben y dejan que se acomode en sus vidas el tiempo que ella quiera. Puede que haya motivos para pasar un mal rato, pero tan pronto pase el rato el futuro nos espera de nuevo.

Existe una generalización acerca del tiempo que necesitamos para recuperarnos de un golpe duro, una amplia mayoría de personas dispuestas a aceptar que debe ser el tiempo, y no uno mismo, quien decida cuándo y de qué manera se nos devolverá la vida que perdimos y que ahora se halla sumida en el duelo, en una especie de trance que nos mantiene apartados de quienes en realidad somos. En realidad, lo que ocurre, es que hemos aprendido a sufrir saltándonos de golpe el proceso de cambiar.

Ninguno somos el mismo cuando caemos y todas las caídas son distintas, por lo que todas tienen algo diferente que enseñar. Una de las lecciones más importantes que podamos aprender en la vida es que al margen del fracaso y la derrota sufridas, somos capaces tantas veces como queramos de levantarnos para volver a la pelea. Si no nos levantásemos cada vez que caemos, ¿cómo podríamos aprender a caminar? Este es el inconveniente para muchas personas. Algunos han caído y se han levantado tantas veces que les resulta casi imposible creer que lo volverán a conseguir la próxima vez, y terminan el resto de sus vidas reptando por el suelo incapaces de sentir de nuevo el triunfo en sus manos.

En cada piedra del camino la pregunta siempre es la misma: ¿sigues o abandonas? Si queremos averiguar lo que han hecho quienes consiguen sus metas, quienes son fieles a sus valores ante todo desafío, más que en la suela de sus zapatos debemos fijarnos en sus cicatrices. Las heridas de la guerra son más visibles de lo que podamos creer. No las encontraremos en miembros amputados o piernas escayoladas, las encontraremos en corazones abiertos a decir la verdad, en palabras que transmiten conocimiento y poder, en miradas que te dicen que la paz está lejos de la guerra que estás atravesando, y que la tienes que buscar.

Todo en la vida toma su tiempo y en lo referente a las sacudidas que recibamos no podemos caminar con prisa. Las lecciones llevan tiempo aprenderlas y suponen la perdición o la salvación según las queramos tomar. Solo existe algo peor que la derrota, ponerse en pie y no saber hacia dónde caminar. La respuesta está en cuánto de lo que somos dedicamos a quejarnos y cuánto a buscar la lección que nos ofrezca una solución. Por esto vemos a tantos que se arrastran por el suelo, por eso no debemos seguir por ese lado, ni tenemos. Un golpe, una decisión. La de aprender a dejar de lado el llanto y coger aliento. Sheldon Kopp dice: “Todas las batallas importantes se libran dentro de uno mismo”. Y es verdad. El problema no es lo que ocurre afuera, es cómo lo recibimos por dentro. Es pelear hasta morir en el intento o resignarse a llevar una vida de la que resulta difícil sentirse orgulloso. La mejor lección, en realidad, es conocer que no existe nada a lo que no nos podamos enfrentar.