Desde el mirador

Emilio García


¿Quién divide a los españoles?

07/01/2021

La prioridad de los españoles, desde hace muchos meses, no es hablar de los disparates que pronuncian nuestros políticos sino, más bien, valorar su situación personal y ver el grado de abandono social y económico en el que están metidos, precisamente por esos políticos.
Los ciudadanos ven como esta pasada Navidad la vida se ha esfumado: la familia no se ha podido reunir, las sillas vacías rodearon millones de mesas, el paro ha impedido poder disfrutar de las viandas de otros años, los regalos han desaparecido y los árboles no se han puesto en muchos salones, porque la oscuridad sustituyó la luz y un silencio amargo se apoderó de casi todos los ciudadanos de a pie.
El inquilino de Moncloa se esmeró el día 29 de diciembre en hacer un balance de sus años de desgobierno; ¡los titulares fueron sorprendentes! El iluminado dictador y su consorte ejecutivo han decidido que el Congreso ya no sirve para nada y el Senado se finiquita en dos segundos. El ordeno y mando ya se ha impuesto en España y los ciudadanos -olvidados por Moncloa- tendrán que esperar al levantamiento del excesivo Estado de Alarma para mostrar sus descontentos. Ha evitado el desahucio hasta mayo, pero estoy convencido de que lo ampliará sine die y no tendrá que usar las alcantarillas para esfumarse.
Debates y realidad, ese es el hilo conductor de unas iniciativas monclovitas que se dan de bruces continuamente. Que los partidos políticos se han convencido de que su supervivencia se encuentra en difundir desde todos los púlpitos posibles el odio y el enfrentamiento entre los ciudadanos, es un hecho constatado. Que la pobreza y la ignorancia cultural emergen por doquier, también, porque son imprescindibles para mantener el nivel de enfrentamiento que se proponen y consiguen.
En este clima de tensión permanente la corrupción sustituye a la meritocracia existente en otra época y se eleva a los altares de la representación pública a los menos capacitados para ejecutar cualquier acción que permita la subsistencia de un estado del bienestar.
Por eso, el bienestar de todos ha quedado en el bienestar de unos pocos que son los que cínicamente discursean sobre todo lo que debe desaparecer para la mayoría porque el problema está ahí: en que todos disfruten de la vida, cuando propicias que solo ellos están a la altura de ese disfrute.
La extrema izquierda está pretendiendo someter a un “exterminio moral” al conjunto centro-derecha español con el que intenta “ocultar” la verdadera depuración que ha ejercido en sus propias filas, porque frente a un líder sobran los demás (es decir, hay que depurar a los miembros díscolos). El incompetente se rodea de mentes poco lúcidas que sepan de bajezas morales para destruir; el listo de turno lo que no puede consentir es que le rodeen personas que le puedan hacer sombra, por eso las elimina.
La fortaleza, su posición, se asienta sobre la eliminación del contrario, tanto el que vive cerca como el que está lejos.
La amoralidad impera en el seno de quienes, elegidos por todos nosotros, están al frente de la gestión pública española. Cuando se aferran al postulado que divide (sectariza) la vida personal y pública en el enfrentamiento entre Yo (el partido) y los demás (el resto), aplicando todo tipo de artimañas que van del ultraje a la delincuencia mental, del reproche a la injuria permanente en un clima en el que la redención sólo es para uno, los demás están abocados a la destrucción. Es moral todo lo que yo digo o lo que se escribe desde palacio, pero no lo que digan los demás (los escraches a los demás eran “jarabe democrático”, pero los que me hacen son odio y atemorizan a los míos).
La opacidad informativa (y de pensamiento) pretende sumir en la fosa mariana la alegalidad –continuada y sin límites- y que transita en las actuaciones controladas por parte de la clase dirigente; se pide transparencia a la monarquía, pero eso no va con ellos.
Y para terminar, recuerdo que Marcos Chicot, en su último libro sobre el filósofo griego, señala que “Platón no quería que accediera al poder el que más convencía, sino el que mejor gestionaba”. En fin.
La política se perfila como reino del bien y del mal, como dijo en el primer tercio del siglo XX el activista y comunista alemán Wilhelm Münzenberg e impulsor, entre otras ideas, de “la denigración del adversario”; por eso algún político se muestra como solución ante un peligro imaginario que ellos mismos crearon a partir de una gran mentira.
¿Quién divide a los españoles? Tomemos nota.