Teoremas y conjeturas

Jorge Pato


Atisbar el horizonte

19/10/2020

Ha transcurrido ya más de medio año desde que el coronavirus llegó a nuestras vidas pero siguen siendo muchas las incertidumbres que genera para todo aquello que considerábamos cotidiano, habitual y casi obligatorio en nuestras vidas. El mejor ejemplo fue el desolador panorama que hubo en toda la ciudad el pasado día 15, un nuevo palo económico a nuestra ciudad como consecuencia de esta pandemia.

Ya se están pensando acciones para tratar de adaptar la celebración de las Navidades a esta situación de contagios masivos, confinamientos y muertes. Aún no podemos calibrar cuál será el impacto sobre la economía de tener que combinar la salvaguarda de la salud con el periodo de mayor consumo del año, con todas las consecuencias que ello va a tener.

Por ello quizás habría que fijar ya la mirada también en el periodo de Semana Santa del año 2021, parece muy lejano, pero no es así. Es de suponer que todas aquellas cofradías que llevan en procesión a las distintas imágenes mediante sistemas que exigen ensayos previos -costaleros o braceros- estarán ya convencidas de que estos son inviables. Más de una treintena de personas metidas en un mismo habitáculo, hombro con hombro y haciendo un esfuerzo físico, no es compatible con las medidas de seguridad que tenemos que tener todos en cuenta en estos momentos. No lo eran en el mes de marzo y a pesar de ello algunos el mismo día 11 de ese mes todavía seguían pensando que se podía continuar con los ensayos.

Todavía no sabemos si habrá posibilidad de realizar procesiones en la próxima Semana Santa, lo veo difícil, pero sí que debería ir trazándose por parte de todas las cofradías, de forma coordinada, un plan B que haga que, en caso de no poder llevar a cabo los desfiles procesionales habituales, se pueda mantener el culto, la devoción y la vivencia de una forma especial de esos días. No se puede caer en la pereza y el desánimo para contribuir a que se arrinconen los actos públicos de fe. Manifestaciones antimonárquicas en el Grande sí, procesiones no.

Si no se autorizan es cuestión de adaptarse a la realidad de cada momento y buscar ideas que combinen la seguridad con la posibilidad de mostrar, aunque sea de una manera diferente, todo ese patrimonio cultural y devocional que normalmente tendría que transcurrir por las calles.

Lo que está claro es que la mejor manera de poder salvar las Navidades o la Semana Santa sería un comportamiento responsable de todos. Deberíamos preguntarnos cuál es el motivo que ha convertido para algunos este virus en un mero catarro. A día de hoy todavía hay gente que les da reparo acercarse a una persona con cáncer o con VIH porque piensan que a lo mejor les pueden pegar algo, pero por el contrario no tienen ningún problema en saltarse todas las normas para evitar los contagios de una enfermedad que ya ha matado en nuestro país a una cantidad de personas cercana a la población entera de nuestra ciudad.

Algo se tiene que haber hecho muy mal para que no haya calado en la población que esta enfermedad mata, con mayor incidencia en las personas mayores, pero no solo a ellos, por no hablar de la destrucción económica que está generando y que esa sí que afecta a gente de todas las edades.