Teoremas y conjeturas

Jorge Pato


Descrédito

22/03/2021

Parece que fue ayer cuando todo el mundo se congratulaba del fin del bipartidismo en España, era como si se hubiese encontrado la piedra filosofal que iba a mejorar nuestra democracia. Obviamente fue una buena campaña de marketing pero el tiempo pone todo en su lugar y sin duda alguna el multipartidismo y la fragmentación del voto se han demostrado como herramientas que han servido para la perversión del sistema electoral y la representatividad en los órganos legislativos de nuestro país.
Nos parecía muy mal la alternancia política en el poder entre dos partidos con la única duda de si sería con mayoría absoluta o una mayoría relativa que necesitase de otros apoyos, por desgracia lo que tenemos ahora es un sistema fallido en el cual por intereses partidistas y personales se pone en jaque la seriedad, formalidad y estabilidad tanto del gobierno nacional como de los autonómicos.
Lo que ha ocurrido estas semanas en Murcia, lo que va acontecer en la jornada de hoy en las Cortes de Castilla y León y lo que casi sucede en la Comunidad de Madrid, son una serie de hechos que nos confirman hasta qué nivel de perversidad están dispuestos a llegar algunos políticos. Es la completa degradación del parlamentarismo, es una mancha en el expediente del parlamento más antiguo de Europa, como son las Cortes de nuestra comunidad autónoma.
Negociaciones secretas y compra de voluntades que se ejecutan a la sombra de la activación de un mecanismo recogido en la legislación como es la moción de censura, pero que no puede estar motivada por el único afán de aumentar el poder autonómico como ocurre en este caso con el Partido Socialista, sino que se supone que es una herramienta para censurar la labor del Gobierno, algo que al señor Tudanca no le importa, lo único que quiere es ser Presidente de Castilla y León y rendir nuestra tierra a los pies de su jefe Pedro Sánchez.
Sin duda alguna todos estos años de democracia nos han demostrado que hay muchas cuestiones a mejorar, sobre todo la cuestión electoral para acabar con esa capacidad de presión de minorías que no representan el mandato de los votantes. Gracias al actual sistema, porcentajes de voto pírricos consiguen convertirse en imprescindibles para mantenerse algunos en la poltrona, a cambio de cesiones y gabelas que pagamos de nuestros bolsillos y que lo único que han hecho ha sido aumentar las diferencias territoriales entre regiones en España.
Personalmente creo que el mejor sistema que se podría adoptar sería un sistema mayoritario, esto es, en cada circunscripción electoral la formación más votada es la que se alza con la totalidad de los representantes en esa circunscripción, una manera de tener estabilidad y de no hacer de la política un mundo con tratos y tejemanejes fuera de la mirada pública.
Es obvio que nuestro sistema electoral necesita una adaptación y sobre todo dotarse de los mecanismos que eviten que las minorías opriman a las mayorías. Pero también a lo mejor hay que redimensionar algunas cuestiones, como por ejemplo el número de senadores. No puede ser que en los Estados Unidos haya 100 senadores para más de 325 millones de personas y 50 estados; mientras que en España tenemos 255 senadores para 47 millones de habitantes y 17 Comunidades Autónomas. Uno de los múltiples ejemplos de sobredimensionamiento del sector público que mantenemos con nuestros impuestos.