Lo social

Pilar Álvarez


Definir los mejores procedimientos

27/03/2021

Eutanasia, los estoicos decían que «la puerta está siempre abierta», concibiendo la muerte como una salida cuando la causa sea el peso de la vida misma, y ésta se hace intolerable. La razón que esgrimían, radicaba, en que la vida se consideraba cosa de nuestra propiedad. Por su parte, Platón señala en La República, «quien no es capaz de desempeñar las funciones que le son propias, no debe recibir cuidados, por ser una persona inútil tanto para sí mismo como para la sociedad». El cordobés Séneca afirmaba en sus Cartas, «el sabio se separará de la vida por motivos fundados, para salvar a la patria o a los amigos, pero igualmente, cuando esté agobiado por dolores demasiado crueles, de una enfermedad incurable»  sólo renunciará a la vida «cuando el dolor impida todo aquello por lo que se vive». Para Aristóteles, el suicidio es un acto de injusticia contra la ciudad, es decir, la sociedad, por eso escribe que «se impone cierta pérdida de derechos civiles al que intenta destruirse a sí mismo». Por su parte, el historiador Suetonio, en su ‘Vida de los Césares’, dice del emperador Augusto, «al oír que alguien había muerto de una muerte rápida y sin tormento, pedía para sí y los suyos una eutanasia semejante».
En la Edad Media nos encontramos con la postura de dos grandes filósofos cristianos, San Agustín y Santo Tomás de Aquino, con  una postura contraria a la eutanasia. Examinan que la cuestión de la eutanasia rogada o permitida por el enfermo consiste en procurarse la muerte a sí mismo. Y supone un rechazo frontal de la idea de la santidad de la vida, lo que le sitúa frente a la filosofía cristiana y, en particular, frente a las ideas éticas. A lo largo del siglo XVIII se va creando poco a poco una corriente de opinión, que termina por ser mayoritaria, en favor de la despenalización del suicidio.
Una vez realizada la delimitación conceptual de la eutanasia es posible preguntarse por su valoración moral. En no pocos casos se presenta la acción eutanásica de modo positivo, justamente para evitar todo tipo de sufrimiento, y se habla de «homicidio por piedad» o «por compasión». Este concepto puede tener una base religiosa (la dignidad de la vida humana se apoya para los cristianos en que el hombre es imagen y semejanza de Dios, y está llamado a participar de la vida divina por toda la eternidad), o filosófica «para Kant la persona posee no un precio, sino una dignidad». Esto nos tiene que llevar a cuidar, a consolar, alentar al que sufre, padecer con el otro, según la etimología del término compasión.
La posibilidad de pedir la eutanasia, y dejar de ser una carga para la familia, y para la comunidad en general, es origen de un sufrimiento para el paciente que la sociedad debería evitarle.
Atender a la voluntad de morir de una persona puede crear incertidumbres tanto a los médicos como a las enfermeras, que junto a todo el equipo de salud, que atiende a la persona, deben estar seguros de hacer lo correcto. Por eso, ahora, ante la puesta en marcha de la ley, lo importante es definir los mejores procedimientos y protocolos, que desde el trabajo en equipo y la responsabilidad de conjunto puedan llevar a cabo un buen proceso de cuidado a las personas que soliciten la eutanasia, y a sus familias, evitando toda confusión que pueda empañar su desarrollo seguro y competente, o poner en entredicho la bondad y trascendencia de una buena atención paliativa, esto no es un punto final en la cuestión, sino que es un punto de partida para una nueva búsqueda de aquellos modos de actuar, que son adecuados y virtuosos, teniendo en cuenta todas las circunstancias del caso.