Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Unidad inusual

22/09/2021

Es difícil que de un acto desgraciado y de unas actitudes no menos intolerables puedan sacarse algunas conclusiones aceptables, pero en esta ocasión la respuesta unánime de todos los partidos contra la manifestación homófoba y racista celebrada en Madrid, ha sido positiva y de ser la habitual cuando se cuestionan derechos y libertades. La unidad ha tenido la mancha de Vox que las ha apañado para calificar suavemente a los organizadores –“locos y fanáticos” y para atacar a otros como inductores de la marcha –el PSOE-. De esa forma contribuyen a quitarse la careta y a demostrar que pese a que intenta ocultarlo está detrás de los discursos de odio que son el preludio de las agresiones. Si los grupos neonazis que organizaron la manifestación no son de Vox al menos se encuentran muy cerca ideológicamente y beben de las mismas fuentes autoritarias.  

La Fiscalía ha comenzado investigaciones para determinar si en la manifestación se produjeron delitos. Por lo pronto, los convocantes engañaron a la Delegación del Gobierno porque la causa de la protesta eran las Agendas 2030 y 2050 del Gobierno pero que derivó rápidamente en las consignas homófobas y antiinmigración, que constituyen el eje de la ideología de la ultraderecha. Toda vez que no se pueden prohibir las manifestaciones por una presunta comisión de delito –eso ocurre también en el caso de los ‘ongi etorri’ y otras muestras de apoyo a los terroristas- , la cuestión es si la policía tenía que haber actuado con mayor rapidez en la dispersión de los manifestantes.  

El alcalde de Madrid y portavoz nacional del PP, José Luis Martínez-Almeida ha declarado que Madrid no es una ciudad homófoba y respaldó a la delegada del Gobierno en la comunidad lo que aleja un nuevo conflicto político. Por otro lado, la falsa agresión homófoba de hace unos días ha servido para actualizar el conocimiento general acerca de la progresión geométrica de los delitos de odio en sus distintas categorías que se ha producido en los últimos años, y para dar la auténtica dimensión de las amenazas a las que se enfrentan unos grupos de personas perseguidos por su condición sexual o su raza.   

La unidad en la condena es un buen síntoma. Mejor si va acompañado de decisiones políticas que confirmen el compromiso con la defensa de los derechos de las personas LGTBI sin tener en consideración otras servidumbres, ahora que desde Vox se presiona para cambiar leyes o forzar votaciones que hacen pensar que le marca la agenda al PP en esas materias. La   abstención de los populares españoles en el Parlamento Europeo, con honrosas excepciones de ruptura de la disciplina de voto, en contra de considerar la violencia de género un delito que debe ser perseguido con carácter transfronterizo o las modificaciones legales anunciadas por Isabel Díaz Ayuso son un contrapunto indeseable.    

Afortunadamente la participación en la protesta homófoba y racista no pasó de dos centenares de personas, entre los que había conocidos ultraderechistas por la policía, que ya han organizado actos semejantes con  profusión de simbología nazi y el ánimo de amedrentar a los grupos que son objeto de sus invectivas. Por pequeñas que sean esas manifestaciones no se pueden dejar pasar por alto sin que la justicia actúe y todos los partidos se muestren unánimes en su condena.