Un guiño a lo nuestro

Soraya García


Un año para olvidar

02/03/2021

Dentro de unos días se cumplirá un año del comienzo del confinamiento domiciliario derivado de la pandemia. Pasamos horas y horas sin salir de casa, así una semana tras otra. Todavía, en ese momento, no sabíamos muy bien cómo se iba a comportar el virus que un año después sigue llevándose por delante numerosas vidas. 
Nos metimos en casa con la esperanza de salir a la calle en quince días, pero no fue así. Iban pasando las semanas y se iba complicando todo. Tan solo se podía salir para lo esencial. Aprendimos mucho de repostería y cocina en general, a hacer miles de juegos con los más pequeños y a hacer videoconferencias para trabajar y para sentirnos más cerca de los nuestros. Cuando los casos de coronavirus fueron disminuyendo vimos la luz con los ratos que nos dejaban salir a pasear. Paseos divididos en franjas horarias y por grupos de convivencia. Y vamos que si los disfrutábamos: esa hora de paseo nos dio la vida. Y comenzamos a hablar en futuro. Cuando todo esto acabe… 
Pero nos relajamos en verano y los casos crecieron como la espuma. Vuelta a las restricciones. Doblegamos la curva de nuevo y en Navidad volvimos a tropezar con la misma piedra. Los más castigados por esta situación han sido los sectores no esenciales: hostelería, gimnasios, hoteles…y otros muchos, y ahí siguen aguantando el tirón.  
Ahora estamos a las puertas de la Semana Santa. Intentemos hacer las cosas bien. Podremos salir a tomar algo a los bares y ver a nuestros familiares y amigos, pero cumplamos las medidas sanitarias. Que no se nos olvide que nuestros actos pueden derivar después en consecuencias que no queremos que se vuelvan a repetir. 
Porque en este último año se han quedado por el camino muchas ilusiones y proyectos. Muchas iniciativas de asociaciones que en 2020 no se han podido celebrar o al menos, no de la misma forma. Es el caso de la Gran Marcha por la Discapacidad de Pronisa que en 2019 congregó a 1.500 personas y en 2020, con el formato virtual solo han participado unas 300, bajando en un 80 por ciento la recaudación. 
Lo mismo les ha ocurrido a la Asociación Española Contra el Cáncer que con su carrera solidaria virtual no han podido captar la atención y el apoyo social deseado. Es así que el pasado año solo lograron una participación de algo más de 300 personas frente a las 2.200 de la edición anterior.  
Y por poner un ejemplo más… Los calendarios de Down Ávila, que siempre nos sacan una sonrisa, tampoco han logrado la repercusión esperada. De los 12.000 euros que otros años han recaudado con la venta de los mismos, en esta ocasión solo han obtenido la mitad de ese dinero. 
Con esto quiero decir que no solo los sectores empresariales no esenciales han pagado los platos rotos, también otros muchos colectivos que se financiaban, en gran parte, con iniciativas solidarias en las que la sociedad abulense se involucraba de lleno. 
Ojalá consigamos, lo antes posible, la inmunidad del rebaño con la vacuna frente a la Covid-19 y poco a poco veamos la luz al final del túnel. Que todos los sectores vulnerables cuenten con esa protección para que salgamos de esta pesadilla. 
Ojalá nuestros mayores encuentren el ánimo suficiente para salir de casa, porque son muchos los que no se atreven por miedo al contagio. 
Ojalá podamos volver a reírnos a carcajadas con los amigos y podamos darnos uno de esos abrazos que reconfortan. Aunque hemos reforzado la amistad con los nuestros de modo online, un contacto más cercano también se agradece. 
Ojalá los más pequeños puedan volver a correr y columpiarse en los parques porque ellos se han comportado como auténticos héroes. Su capa invisible la llevan colgada desde el minuto uno de esta pandemia. No se han quejado de nada y se les está privando de muchas cosas. 
Y ojalá nos demos cuenta de que esta situación sanitaria ha cambiado algo en nosotros. Que el sacrificio que hemos hecho para vencer a este virus no sea en valde. Por todos aquellos que nos han dejado, ojalá sepamos sacar algo positivo de todo esto.