scorecardresearch
Fernando Aller

DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Soberanía perdida

22/10/2021

Nos querían hacer creer que la imparable escalada del precio de la luz obedecía a razones supranacionales, a entramados legales de la Unión Europea. Y no es cierto. Europa ha dicho que cada país es soberano de adoptar las medidas que considere oportuno para atajar la crisis generada por la escalada del precio del gas, con independencia de que a medio plazo se formalice una central de compras comunitaria para negociar con terceros países los precios del hidrocarburo. El sistema por el que se rigen los precios de la energía es responsabilidad del gobierno español y no se puede endosar su incapacidad a terceros.
De la misma forma, no se puede culpar a nadie más que a los gobiernos de España en los últimos 31 años de no haber sabido articular un nuevo modelo energético. Las centrales térmicas de carbón, por su elevado volumen de producción y por su inmediatez en dar respuesta a picos de demanda, eran las garantes del abastecimiento energético del país. En el año 1990 comenzó el proceso de desmantelamiento de la minería. Con las minas cerradas al finalizar el 2018, y unos elevados costes de emisión del CO2, las empresas eléctricas decidieron también clausurar sus centrales térmicas. Optaron por quemar gas, con unos precios de emisión más bajos. Las cacareadas fuentes de energía, al margen de muy insuficientes, ya se sabe que son caprichosas: llueve, sale el sol o sopla el viento cuando le da la gana. Así, estancada la energía nuclear, España lo fio todo a un producto del que carece. Perdió su soberanía en materia energética en favor de países poco fiables y hemos quedado expuestos al rigor de los mercados, con unos competidores inmensamente ricos. Ahora se habla de la posibilidad de poner en marcha alguna de esas centrales térmicas en proceso de desguace para quemar carbón de extracción rápida, los cielos abiertos. Paradojas y contrasentido. Castilla y León contó con algunas de las mejores y más eficientes minas de Europa y con instalaciones de generación que deberían de haber sido preservadas en defensa de la soberanía perdida. Reservas estratégicas. Que huecas resultan ahora aquellas palabras y cuanto engaño acumulado en tres décadas de ineficacia.