Quince barrios

Juan Ruiz-Aýucar


Mirando hacia atrás desde la ciudad escrita

06/01/2021

Ahora que se han cumplido diez meses de convivencia ininterrumpida con la pandemia  y de largos días de confinamiento como consecuencia directa y obligada por las circunstancias tan adversas, una de las características positivas de esta situación ha sido el mayor tiempo empleado en la lectura que, en mi caso, suele orientarse a relatos históricos de la ciudad que me vio nacer, es decir, de Ávila en su más amplio sentido. Y decidí recabar datos y escribir sobre temas concretos desde mucho tiempo atrás de la Edad Contemporánea para así comprobar las diferencias sociales y económicas que se fueron produciendo desde que la capital abulense contaba tan sólo con siete mil habitantes en el siglo XIX.
Los inviernos siempre fueron muy crudos en Ávila, mucho más de lo que son en la actualidad. Por tal motivo, no era extraño que el gobernador civil dispusiera, como dispuso en enero de 1871, que se picasen algunas calles, sobre todo en los sitios cuyo tránsito era peligroso, ya que las heladas ocurridas las noches anteriores habían ocasionado su mal estado. El inspector de Policía Urbana se encargó de buscar jornaleros que colocó a trabajar en los puntos que eran más necesarios, y ordenó que se les abonase a razón de seis reales por jornal, satisfechos del capítulo de imprevistos del Ayuntamiento.
En los meses siguientes, se sucedieron situaciones muy diversas, tanto a nivel político como social y urbano. De ese modo, el alcalde Mariano Aboín y el alcalde segundo Manuel Álvaro Benito fueron recibidos por el nuevo gobernador de Provincia, para tratar asuntos de interés municipal, al tiempo que el regidor Esteban Nieto proponía la adopción de medidas para restringir la estancia de pobres en la ciudad. El Ayuntamiento decidió encargar al inspector de Vigilancia Pública el cumplimiento de las órdenes que con tal motivo dio el gobernador civil.
Una triste noticia se conoció en el Ayuntamiento de Ávila en marzo  de dicho año. Fue cuando el regidor Marcos Pérez informó a los miembros de la Corporación sobre el fallecimiento de Ildefonso Vázquez de Zúñiga, autor del proyecto de las Casas Consistoriales y del parque del Recreo, entre otros muchos. El regidor informó también del mal estado de la fortuna del arquitecto fallecido, por lo que proponía que el Ayuntamiento se ocupase del asunto y adoptara medidas que hicieran más llevadera a su viuda tan terrible desgracia. Abierta discusión sobre el asunto, tomaron la palabra algunos regidores, manifestando unos que tal vez la Corporación no tendría facultades para acordar socorro alguno, en razón a que el difunto no era en esos tiempos empleado municipal.
Durante los años estudiados, también se producían algunas epidemias que asolaban el país, destacando la peste como una de las más graves, pero llaman la atención hechos como el relatado hace 150 años por la Hermandad de Piedad y Caridad al manifestar sus temores de que se desarrollase alguna epidemia por tener los cadáveres depositados treinta y más horas, lo cual podía ser motivo para que los hermanos cesasen en su cargo de conducción de cadáveres al cementerio; y comoquiera que tal institución era altamente benéfica e importaba además evitar todo conflicto, el Ayuntamiento resolvió remitir al juez el oficio de la hermandad para los efectos oportunos, y también al subdelegado de Medicina y Cirugía, recomendándole lo oportuno que sería indicar a los facultativos de la ciudad que al certificar las defunciones, señalaran las enfermedades que eran motivo de la muerte y las horas que, a su juicio, podían permanecer insepultos los cadáveres sin daño a la salud pública.
Un hecho insólito ocurrido hace ahora cien años tuvo como protagonista a El Diario de Ávila, que había aparecido por vez primera el 24 de noviembre de 1898, y no fue otro que comprobar con el largo paso de los tiempos que nunca faltó a su cita con los lectores, con una excepción, ocurrida en 1920, a consecuencia de los graves incidentes sucedidos en la ciudad por el elevado precio de los alimentos. Los numerosos manifestantes impidieron que se abrieran los comercios y decidieron hacer lo propio con periódico local, trasladándose desde el Mercado Grande hasta la imprenta de Senén Martín, donde se editaba, exigiendo el cese de los trabajos. Los altercados en la ciudad prosiguieron en días siguientes, con los comercios negándose a abrir sus puertas mientras Policía y Guardia Civil no pusieran freno a la situación de violencia generalizada.