Pensando

José Ignacio Dávila


Si valoramos el precio de la paz

26/06/2020

Si no valoramos una sociedad que defienda la libertad del ciudadano como propietario de su dignidad, como persona inviolable, como base ética y real, para concebir que el Estado, el Derecho y la Constitución son la garantía de nuestra identidad y soberanía como españoles en nuestra propia casa nacional: Aparecerán los síntomas, las pequeñas causas, el origen de la enfermedad intelectual que nos debilitará en la defensa de nuestra Carta constitucional, si no enseñamos a los hijos cómo valorar las reglas de la convivencia.
Si no valoramos contar con la inteligencia y concepción de nuestra forma de Estado, en suma de opciones políticas que han seguido enriqueciendo la capacidad de consenso para mantener la unidad en la Nación española, de siglos, de nuestra Gran historia, la base de nuestra Constitución de 1978, para edificar la casa común, con las reglas para el encuentro en la unidad política en la igualdad, libertad y fraternidad social en todo el Estado, día tras día: La Constitución se quedará en mera teoría del Estado, incumplida, en suma de pequeños fallos para erosionar la fortaleza de nuestra Nación en la unión de Naciones de nuestra identidad europea.
Si no valoramos que nuestra soberanía personal y nacional, se funda en la legitimidad que nos hemos otorgado para conseguir vivir en paz, con la guía para el camino de una Constitución de todos para todos, con sus reglas claras y comprensibles, leída y estudiada bajo la luz del sentido común solidario, capaz de comprender el signo de los tiempos, si no valoramos este tesoro de la convivencia en paz: Se nos debilitará nuestra capacidad para asumir que la sociedad evoluciona, al igual que las leyes,  y que hay que poner todo el esfuerzo para seguir fuertes en la acción política, con personas preparadas para hacer que los derechos y obligaciones sean reales y efectivos, y que la presencia del consenso constitucional no sea una mera placa dedicada a la Constitución en la Plaza Mayor.
El valor de la Constitución se refleja en la defensa de nuestra noción de la verdad de la Nación española, en el equilibrio político necesario para que no se debilite la voluntad de la ciudadanía, ni falten fuerzas para seguir creando la sociedad que nos pertenece a todos, los que aquí estamos y dejaremos nuestra historia en herencia, sin exclusiones, gracias al equilibrio de la división de poderes, la garantía de los derechos y obligaciones que definen el derecho a ser ciudadano en nuestra casa, pueblo, y Nación. 
Si no valoramos la necesaria evolución social, la falta de estudio y el olvido de nuestra riqueza y valores como nación: Se da entrada a la debilidad política y a la falta de comprensión de nuestra presencia en la historia de las naciones importantes forjadas a lo largo de la historia. Nuestra Constitución es fruto de la tarea constituyente del día tras día, del ciudadano de base en su dignidad, hasta la cumbre del sistema político y del poder, en igualdad y dignidad soberana. Si nos debilitamos en la defensa de todo el poder político que nos pertenece a todos nosotros, en nación de todos para todos, los errores en la defensa de los valores constitucionales de la Nación española, se harán cada vez más repetidos y grandes por la falta de conciencia política del valor de la unidad nacional. No podemos perder el derecho de vivir en paz y seguridad del mañana, del fin de mes, al amparo de la Ley que nos pertenece y defiende.
Si no valoramos que no es posible el olvido de las lecciones escritas durante nuestro largo viaje hacia la convivencia posible, no es admisible seguir un camino con la pendular revisión de la historia, con el freno de los tiempos de la convivencia, bajo la causa totalitaria por el enfrentamiento sin sentido ni bandera: Nuestra ganancia social parte de la sana economía del tener recursos en casa después de restar los pagos, llegar a fin de mes; y no del más fuerte en votos si es que no caminamos en ganancia, con la felicidad y el buen suceso de andar tranquilos, sin la pérdida de la paz social, con economía fuerte, trabajo mejor y remunerado, en una vida de convivencia tranquila, de la que nadie se vea arrojado a la soledad, ni desechado, ni confinado al olvido. 
El estudio de nuestra Constitución, la capacidad de acogida en la cultura de los tiempos que marcan nuestra historia, nos enseñan la presencia en nuestras Cortes de la soberanía de todos los ciudadanos españoles: La defensa de nuestra libertad por la fuerza del Estado, en la herencia de nuestra gran Nación, en su grandeza y en su errores,  que sigue sin solución de continuidad (sin interrupción o falta de continuidad, a pesar de algunos irresponsables, y de algún tropezón en el diccionario de la vida parlamentaria y social).