DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Sin bolas de cristal

01/07/2020

Como doy por hecho que nadie tiene una bola de cristal, el calibre del impacto económico, laboral y social de la crisis derivada del coronavirus es todavía muy variable, como lo es la dimensión de la propia recesión que será histórica y de órdago a la grande a final de año. Certezas hay pocas, pero no hace falta ser un lince para vislumbrar alguna: la crisis se ensañará con los más débiles. Vamos, que de eso no tiene duda ni Aramís Fuster.

La cuestión es saber si los pasos que se están dando son suficientes y son los adecuados para frenar la performance de un país como el nuestro, muy dependiente de sectores tan vapuleados como el turismo o la automoción y con un gasto público disparado por la pandemia. Ya saben que deuda, déficit público y desempleo son tres ingredientes letales para la confianza de los inversores y la razonable marcha de la actividad empresarial.

Además, por si ya fuera poco, hay expertos que elevan a más de 23 millones el número de ciudadanos que vivirán el próximo año de los presupuestos generales del Estado. Hagan la cuenta entre funcionarios, parados, pensionistas, beneficiarios del ingreso mínimo vital, ertes, dependientes, etc… Así las cosas, la clave de la solución es crear empleo y hacerlo desde la base de la sostenibilidad, la calidad y la innovación. No hay otra, a no ser que queramos ver pronto a los ‘hombres de negro’ coger el billete, solo de ida, desde Bruselas hasta Madrid.

El escenario económico no da para broma alguna y, por ello, no hay otra que la colaboración y arrimar el hombro de manera leal. Aquí, o van de la mano los sectores público y privado o la recesión acabará por convertirse en una auténtica debacle de proporciones desconocidas. Y el cauce para instrumentalizar esa actitud colaborativa indispensable tiene nombre y apellido: diálogo social. Vivimos en una sociedad en la que la relación entre lo público y lo privado (o al revés, si lo prefieren) no puede coexistir con imposiciones y líneas rojas. De la generosidad y de la vocación por alcanzar acuerdos es posible que hasta no nos haga falta ninguna bola de cristal para saber como darle la vuelta a un panorama desolador y francamente difícil. Lo demás, créanme, son ganas de jugar a las clarividencias.