El Valtravieso

Álvaro Mateos


Fuertes en el amor, 50 años después

05/08/2020

Para este título, tomo prestado el de un libro de nuestro entrañable Florencio García Muñoz, en cuya portada aparece la fotografía de dos manos en el momento en que el hombre coloca un anillo en el dedo anular de su mujer. Es el símbolo por excelencia del matrimonio al que, en el caso de nuestra familia, hay que añadir que es el momento en el que empezó todo, la propia existencia y el sentido de la vida, ya que son las manos de mis padres, José María y Blanca. 
Y hoy, precisamente hoy, este Valtravieso reaparece en las páginas del diario para, junto con mi hermano Pepe, mostrar unas palabras de agradecimiento a las personas a quienes debemos nuestra vida, a nuestros mejores maestros. Se casaron un día de la Virgen de las Nieves, hace 50 años, en la iglesia de la Santa, en Ávila, por lo que este caluroso miércoles de agosto se convierte en un día de fiesta para todos nosotros. 
Nos da igual que para vivirlo tengamos que ponernos unas mascarillas, porque la mejor celebración es alcanzar la propia fecha, como reconocían nuestros padres al inicio de este torticero año 2020, que tantos matrimonios mayores ha dejado en el camino, truncando la vida de alguno de los cónyuges e incluso de los dos por el maldito coronavirus. En nuestro caso, al margen de hacernos variar algún detalle de la conmemoración, no ha supuesto mayor problema. 
Cincuenta años, para este joven matrimonio afincado en Las Navas del Marqués -prácticamente toda su vida, en el caso de mi madre, y un poco menos, en el caso de mi padre- es un proyecto en común consolidado, duradero, fructífero y, permitan que digamos con cierta modestia, ejemplar. 
En un tiempo en el que cada vez las cosas muestran un lado más caduco y temporal, una vida en común que les ha convertido en abuelos, es para nosotros su mejor enseñanza. Es verdad que nuestros padres han sido maestros de hasta tres generaciones de alumnos naveros –ya que han ejercido sus más cuarenta años de docencia en esta villa- pero como profesores, su mejor lección ha sido y es su vida en común. 
No todo este camino lo ha sido de rosas, porque todos somos humanos y tenemos días mejores que otros, momentos con dificultades que se van superando pero, al final, lo que permanece es el vínculo, la unión, el cogollo familiar, a partir del amor. 
Hoy no os van a acompañar muchos de quienes lo hicieron hace cincuenta años, porque ya no están. Es más, los que estamos, lo hacemos gracias al paso que disteis. Pero, seguramente vuestros padres y hermanos no os van a faltar en el recuerdo ni un solo minuto del día; como tampoco a nosotros se nos va a olvidar jamás este 5 de agosto de 2020, una fecha que queremos grabar en nuestra memoria como la fiesta del amor y el compromiso de nuestros padres, de quienes tanto hemos aprendido, a quienes tanto debemos por vuestra entrega, desapego, generosidad y constante cariño.
Siempre he dicho que, si soy periodista, ha sido gracias a la constante presencia de periódicos y radio en mi casa que, incluso mi padre convirtió en herramienta de docencia, para explicar Historia, Lengua o Geografía. Hoy son ellos los que, con todo la entrega que saben poner en lo que hacen, redactan alguna crónica desde Las Navas para este periódico, convertidos ya en unos corresponsales veteranos. Por eso, desde las páginas de este diario, no podía faltar este recuerdo en un día tan especial para vosotros.  
Si ya es un lujo cumplir años, más aún es poder cumplirlos juntos, conmemorando medio siglo de vida en común. Gracias por tanto, papá y mamá, disfrutad del día y la fiesta que bien merecéis y que sigamos celebrando juntos muchos más aniversarios de boda.