Editorial

El alcoholismo, un problema social latente que aflora con la pandemia

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La pandemia provocada por la covid-19, además de dejar un reguero de secuelas derivadas de la crisis sanitaria y económica a la que está conduciendo, está haciendo aflorar otros problemas de ámbito social que obligan a adoptar medidas para atajarlos si no se quiere que esas situaciones se vuelvan irreversibles.
Uno de esos problemas es el que se está planteando por el consumo abusivo del alcohol. En una sociedad como la española, donde en ocasiones se ha sido demasiado condescendiente con el consumo de bebidas alcohólicas, la pandemia y sus consecuencias ha llevado a muchas personas a ‘refugiarse’ en esa práctica, y las asociaciones que trabajan con personas que sufren por este problema, como es el caso de Geara, han visto como se han disparado el número de usuarios que acuden en busca de ayuda para ser tratados por esta adicción que ya se ven incapaces de controlar.
Más allá de que los lugares habituales de consumo hayan visto reducida de manera drástica su actividad, el problema se ha trasladado al ámbito del hogar, y el hecho de hacer frente a un confinamiento ha llevado a muchas personas a ‘desahogarse’ ante esa falta de movilidad con una botella en la mano.
El problema también empieza a ser “preocupante” entre los jóvenes, y fundamentalmente por la proliferación de botellones, una práctica que según la normativa está prohibida pero que se está demostrando que se puede vulnerar con bastante facilidad.
Esto exige, en primer lugar, que el control de la normativa se lleve a cabo de una manera más estricta, para conseguir erradicarla, y conduce también a reflexionar si las sanciones que se están imponiendo resultan eficaces para corregir esas conductas. Quizá, como apuntaban desde Geara, las multas pecuniarias resultan ya poco coercitivas y haya que abogar por imponer más sanciones que redunden en trabajos en beneficios de la comunidad, que permitan acercarse a esos jóvenes a muchas situaciones que para ellos pasan por alto y que ofrecen la verdadera realidad a la que conduce el consumo abusivo del alcohol, por poner un ejemplo.
También es fundamental que desde el ámbito familiar se haga un mayor esfuerzo para controlar esas conductas, y aunque la situación que se está viviendo está llevando a muchas de ellas a un límite difícil de afrontar, no deben descuidar esa parcela de atención a los menores. Y ahí también es necesario que entre en escena el ámbito educativo, que es una realidad que puede ayudar a hacer frente a esos problemas.
Luchar contra el alcoholismo, como contra el consumo de drogas y sustancias estupefacientes, es una tarea que exige un compromiso y una colaboración tanto del ámbito familiar como del educativo. Y al mismo tiempo las administraciones tienen un papel fundamental para ofrecer herramientas que informen, formen, den alternativas a esas prácticas y, si es necesario, sancionen para tratar de corregir de una manera ejemplarizante y corregir esas conductas. Pero lo fundamental es concienciarse de que existe un problema y que hay que luchar para corregirlo.