El viento en la lumbre

Fernando Romera


Frasecillas célebres de hoy

17/11/2020

No me gusta cuando se compara la España de hoy con la de los reinos de Taifas. No sé de dónde surgió una analogía que hoy se escucha aquí y allá, de una puerilidad mayúscula. A nadie se le escapa la diversidad racial, cultural y política de la baja (o plena) Edad Media en España como para comparar aquello, no ya con el estado autonómico, sino con el mundo global. Supongo que ha de ser por aquello de las guerras entre reinos y que eran más o menos veinte taifas que, así, a bulto, se corresponden con las diecisiete autonomías actuales. Y pare usted de contar similitudes. Ya sabemos que en este tranco de la democracia del 78 el camino que ha tomado la política española aparenta cierto federalismo, o confederalismo, que les gustaría más a sectores de Cataluña y País Vasco. Pongo la tele algunas mañanas que puedo y, cuando no, a la hora de comer. Veo las noticias. Son siempre las mismas desde hace ya tanto... Se comparan datos de cada Comunidad; sale el presidente de turno a sacar pecho (o el vicepresidente, cuando manda). La cuestión es sutil, pero no baladí: con la aquiescencia del estado cada cual domina sus fronteras y responde ante los suyos en algo parecido a la gestión de la propia soberanía. Luego está la abierta participación en labores de gobierno, como la aprobación de presupuestos, de grupos políticos que hasta hace dos telediarios se declaraban, de una u otra manera, en guerra contra el estado. Lo cierto es que esto parece más un ensayo de confederalismo que unos reinos de Taifas, un ensayo en toda regla que está muy en consonancia con las pretensiones de ciertos partidos, con la cogobernanza y con eso de la nación de naciones. Otra frase de éxito que se ha escuchado últimamente ha sido lo de que España es un estado fallido. Tampoco tiene mucha trascendencia: es frase de moda y se aplica a todo lo que se puede. También se ha dicho de USA, por ejemplo, que están cosidos a fuerza de poderío anglosajón y ahí siguen y seguirán. Decir que este nuestro es un estado fallido es una memez, porque unos cientos de años de estado fallido no lo soporta pueblo alguno. España no nació como un estado contemporáneo, como Alemania o como Italia. Se nota, también en las costuras. No se forjó en conceptos de patriotismo telúrico. Se forjó en la modernidad del XVI, en conceptos basados en la seguridad, la necesidad, el humanismo, la cultura y unas cuantas cosas más; no tanto en las uniones matrimoniales de la monarquía, como suele decirse. España surge de una necesidad moderna: la de tener un reino sólido y grande con el que enfrentar los desafíos de un «nuevo mundo». Ahora viene el nuevo mundo de la Colau (ese que se formó en la Unión Soviética y que también era nuevo entonces) y nadie sabe muy bien hacia dónde vamos. Así que no se puede pretender que España funcione a la manera de un estado romántico. Máxime cuando ya no nos encaminamos a un estado moderno, sino a uno post- posmoderno. Y para ese reino nuevo, a algunos no parecen hacerles falta aquellas alforjas. El tercero de los mantra que pululan por las redes es el de que se va a a terminar con el régimen del 78. O de la Transición, que igual da. Al fin y al cabo, hablamos de arquitectura del Estado. A nadie se le debería de escapar que la aplicación del término Régimen al sistema que nos dimos los españoles en los 70’s tiene mala baba política. Pocos son los que hoy en día usan este nombre para referirse a sistemas de gobierno, democráticos o no, y muchos los que lo aplican a dictaduras, muy como Franco gustaba de llamar a la democracia orgánica. Lo cierto es que España ha sobrevivido a todo lo peor que pueda imaginar sociedad alguna en país alguno. Guerras de todo tipo: intesinas, tribales, navales, piratas, sucesorias, de conquista, de reconquista, de liberación... Desastres, terremotos, inundaciones, sequías (pertinaces o no), pestes, pandemias, crisis económicas de siglos, crisis pasajeras, ladrones de guante blanco y de guante negro; políticos y reyes de segunda, cuando no de tercera; delirios secesionistas, dictaduras, democracias de medio pelo; fórmulas confederadas, federales, cantonales; revueltas civiles, militares, ruidos de sable; invasiones, expulsiones; hambrunas, subdesarrollo, desarrollo feroz, emigración pobre, emigración universitaria; envidias, soberbias, iras, avaricias...; analfabetismo, incultura... desgracias varias de las que se ha salido, Dios sabrá cómo. Y aquí estamos. La verdad es esa; lo demás, mantras también, es retórica.