Lo social

Pilar Álvarez


Se ha perdido mucho

07/11/2020

Desde hace meses un sentimiento de tristeza me ronda cada vez que salgo a mis quehaceres cotidianos por las calles de Ávila. A  principios del verano, observaba que las personas con las que siempre coincidía no las veía. El paseo del Rastro estaba menos concurrido, y una lectura clara entró en mi mente: nos habían dejado, entonces mi reflexión fue más lejos, unos efectivamente nos había dejado, otros ya no saldrán de su casa, los pasitos se volvieron muy cortos; a su vez, las residencias sin permisos no solo de paseos, sino de la privación de las visitas de sus familias. Otros, los que vivían solos, ya no irían a  tomar la comida del medio día  en los centros de mayores. A su vez, estos centros servían también de expansión lúdica. Otros se refugiaban en la estación del tren en los últimos asientos, allí al abrigo del frio. Sus charlas pasaban desde la política a lo familiar, algunos tenían  horario de regreso casa. Al frecuentar mis viajes a Madrid  esperando mi horario del tren, podía observar esto último.
Con profunda tristeza todo esto tan cotidiano, y a la vez tan confortable y necesario para los mayores,  ha desaparecido. Otros, los que formaban el núcleo social y cotidiano, se fueron dejando un vacío de dolor.
Pero sigue quedando la soledad de los mayores, el no horizonte, la incertidumbre, la etapa de la vida en la que suceden una serie de pérdidas que facilitan la aparición del sentimiento de soledad. Como el «convencimiento apesadumbrado de estar excluido, de no tener acceso a ese mundo de interacciones». Pero la soledad no siempre debería de ser un sentimiento negativo, por lo que podemos hablar de soledad objetiva y soledad subjetiva. La primera hace referencia a la falta de compañía, sin embargo las personas mayores que residen en sus domicilios en soledad no siempre implica una vivencia desagradable, ya que puede ser una experiencia buscada y enriquecedora; la subjetiva, por otra parte, la padecen las personas que se sienten solas, y es un sentimiento doloroso, y temido por un gran número de personas mayores. Sabemos que la soledad puede tener graves consecuencias negativas sobre la salud en el plano físico, psicológico y social. La familia juega un papel fundamental, se la puede considerar el principal soporte social del anciano, considerando las relaciones y el amparo en los seres queridos como un recurso clave en la lucha contra la soledad.
El apadrinamiento es algo que en estos momentos de la Pandemia no se permite, es la opción de un compromiso, sobre todo moral, que personas voluntarias hagan compañía a las personas mayores, tanto si  viven solas como si residen en las residencias, y cuya red familiar es nula o escasa. El voluntariado es muy importante si la persona está acta para realizarlo, pues  la solidaridad, el deseo de ayudar a otros, se vuelve también hacia uno mismo muy beneficioso,  sentirse útil en relación con otras personas tiene un beneficio personal inexplicable.
Sin olvidar aquellos que se han ido tomaremos compromiso de los que hoy nos acompañan, ellos pueden ser en muchos casos ¡nuestros referentes! Las personas mayores necesitan elegir según sus propios valores y creencias, necesitan y nadie puede negarle el mantenimiento de sus convicciones personales frente a lo bueno y a lo malo, por la cultura, ideología o religión, frente a la propia vida o muerte, necesitan vivenciar y exteriorizar su concepto de trascendencia, están en su derecho. Es un buen momento para que reflexionemos ante la soledad de nuestros mayores, hoy más que nunca en décadas, hay mucha soledad.



Las más vistas