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Antonio Pérez Henares

LA MAREA

Antonio Pérez Henares

Escritor y periodista. Analista político


A la lista negra, por favor

04/10/2022

Algo de lo que está sucediendo en España me recuerda a la lista negra del oponente de John Waine, hermano de la novia y después mujer de John Waine en "Un hombre tranquilo", película que también habría ido de cabeza a ella en el día. En ella iba haciendo apuntar a su esbirrillo a todos cuantos se les ocurría oponérsele o tan solo contrariarle. Al final era casi todo el pueblo el que estaba en ella.

Aquí viene a ser igual. El sanedrín inquisitorial y su policía mediático-moral andan por redes, viñetas, columnas, libros, tertulias y programas con la oreja envelada, la nariz empinada y la lupa dispuesta para descubrir cualquier atisbo, olor, sabor o sonido que le huela o suene al pecado y virus original y expansivo que ellos suponen reo de fascismo y lanzarse a la denuncia y la caza del hereje con la virulencia que solo el fanatismo absolutista de creerse poseedores de la verdad otorga.

Y así está acaeciendo que el número de "fascistas", aquí sí que no cabe presunción de inocencia alguna, por metro cuadrado está aumentando a una velocidad vertiginosa y ya ni caben en la habitación ni los otros casi dan abasto a condenarlos al sambenito y la hoguera.

Esto es algo que quizás el Comité Central de la Progrecracía debía hacérselo mirar. El estigma, de tan extensivo y falaz, carece cada vez más de valor alguno y es de nula eficacia en cuanto a influir en el personal, excepto claro a la abducida parroquia, que esa sí está cada vez más fanatizada. Tan a peor que basta el señalamiento para que se lancen como si no hubiera un mañana contra quienes, en muchos casos, eran personas y personajes a quienes habían escuchado, leído, seguido y hasta admirado como referentes éticos e intelectuales hasta ayer mismo.

Han caído en el Lado Oscuro de la Fuerza y han de ser exterminados o como poco excluidos y arrojados a las tinieblas exteriores. Esto hace que en casos cada vez más crecientes el reo haya sido y siga siendo señalado igualmente como apestado por el otro y extremo costado, pues ya se sabe que en tales predios hay que comulgar con las ruedas al 100 por 100 y basta con un ápice de discrepancia para ser purgado y considerado un repulsivo traidor a la causa. O a las dos.

Dos ejemplos recientes entiendo que pueden ilustrar lo anterior, amén de esa obscenidad protagonizada ante unos micrófonos, de Iglesias y Calvo "apartando" y "marcando" con el hierro partidario a "sus" tertulianos. Son los casos de El Roto y Fernando Savater. Sobre ambos se ha desatado una campaña para que les quiten viñeta y la columna en el medio en que llevan toda la vida dibujando y escribiendo. En ambos casos, además, insinuada o propiciada por quienes comparten con ellos publicación. Liberticidas que entienden que la Libertad solo la pueden ejercer ellos pero nunca, si discrepan, los demás. Y en ambos casos, los dos señalados también por los extremistas del otro lado como gente de muy poco fiar por su pasado y deslices. En el caso de Savater por haber unido su firma a la petición de indulto a Griñán había sido lapidado hace tan solo un par de semanas desde ese otro sector.

La cuestión es que, por hache o por b, la lista negra alcanza ya proporciones de inmensidad y eso la hace amén de atroz, inútil, que es lo peor que a una lista negra le puede pasar. Porque, y esto es lo esencial, el verdadero y trascendental asunto en que estamos es en el de la Libertad. Y lo que nos está sucediendo y ante lo que la respuesta por fortuna es cada vez mayor, es que so pretexto de bondad universal nos están aplicando una tiranía, una dictadura cursi, pero no por ello menos opresiva y feroz, sobre nuestra libertad de opinión y expresión. Represión con autocensura derivada que nos ha llevado a que en este sentido España esté atravesando ahora por el peor momento desde que se consiguió restablecer el sistema democrático y los derechos constitucionales.

Así pues, y dicho lo anterior, no cabe otra que cuanto más mejor pidamos que nos incluyan en ambas listas negras, las de los unos y las de los otros, porque no hay sitio mejor en el que estar proscrito que por las covachas, aunque estén alfombradas de poder, de quienes quieren prohibirnos hasta pensar.