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Darío Juárez Calvo


S.O.S! Madrid, plaza abandonada

21/03/2021

No haría falta que Manolo Chopera, que en paz descanse, levantase la cabeza para tildar de inútiles a aquellos que juegan a ser empresarios de Madrid cuando la caja funciona al son del «clinc, clinc», pero cuando vienen mal dadas acondicionan la cueva para desentenderse de sus funciones. No haría falta porque Plaza 1 lleva el cartel colgado desde hace algún tiempo, ya que la plaza de Madrid, si a alguien ha exigido a lo largo de su historia, además de a la presentación de los toros y a la colocación y al compromiso de los toreros, ha sido a sus empresarios. Y Manolo Chopera, si de algo pudo tener ínfulas a lo largo de su laureada carrera fue de su preocupación permanente por la Fiesta; la vela por el cumplimiento del pliego, el análisis y la demanda de cada plaza, y el remar a contracorriente cuando las crisis del tipo que fueran acechaban los intereses de la tauromaquia. Una incesante lucha de intereses altruistas, totalmente alejados de los despachos en los que los dineros de cada cual los peleaba y los sigue peleando cada cual. Es decir, los otros intereses.
Los otros intereses que hoy son ya únicos; los únicos por los que muerden los magnates del empresariado taurino. No hay más. No existe una pelea desinteresada y promovida para levantar las ferias, atraer nuevos abonados, recuperar antiguos y hacer de las mejores plazas del mundo, fortalezas de la tauromaquia; las últimas banderas, los últimos navíos a los que subirse que sirvan de cruz de guía para los que todavía queden en pie. Sobre todo en el caso extraño e incrédulo de Madrid, ya que ahora es Madrid la que se fija en otras plazas…
Hace unos días, Rafael García Garrido, el otro coempresario de Las Ventas junto a Simón Casas, dejaba caer que tras anunciarse la cartelería de la temporada de Sevilla, si finalmente la Junta de Andalucía permitía el 50% del aforo para que la ciudad del Guadalquivir iniciase su ciclo de abril, Madrid se daría sí o sí. Todo esto, después de presentar el pasado 9 de marzo, después de año y medio sin actividad, y con pasmosa desidia, un informe a la Comunidad de Madrid con distintos escenarios posibles para la vuelta de los toros a la primera plaza del mundo, pero repitiendo constantemente tres palabras que son: «Feria de Otoño». «Esperamos que vuelvan los toros antes de la Feria de Otoño», «queremos que la Feria de Otoño sea histórica» –en boca de la presidenta, Isabel Díaz Ayuso–, etc. Parece que Otoño es el horizonte definido por empresa y Comunidad, mucho más si nos atenemos a que estamos a las puertas de unas elecciones autonómicas y deslizarse en campaña –y más en ésta– por los toros, no le conviene ni a los partidos que dicen defenderlos. Después, una vez que se asienta uno en las poltronas del poder, protegerlos es harina de otro costal.
A Madrid se la está abandonando a su (mala) suerte como plaza de temporada. Está claro que nadie ha querido ni ha tenido la voluntad de trabajar en la inmediatez del regreso de los toros a la Monumental, una vez se han restablecido los demás sectores culturales de la ciudad. Porque Madrid, sin la taquilla de San Isidro, es pura ruina. Y la empresa, lo único que pretende es alargar el chicle con la Comunidad; unos no cumpliendo el canon –ni siquiera intentándolo, luchando y que al menos por su parte no quedara trabajando en un 2021 desde 2020 y no desde este mes– y otros no permitiendo dar toros cuando a diario se abren museos, auditorios, cines o teatros que, por otra parte, son todos espacios cerrados. ¿Pero por qué? Porque son toros. Y sentirse orgulloso de ser aficionado, en los políticos, va por días.
Por otro lado, el pasado miércoles, el Ministerio de Sanidad ha prohibido la asistencia reducida a las finales de Copa de Rey 2020 y 2021 que se celebrarán en el Estadio de la Cartuja de Sevilla, también en el mes de abril. El fútbol, de nuevo, un escaparate para el toro. Pero esta vez en negativo. Por tanto, siguiendo el dictamen de Garrido, si Sevilla no se llega a dar… En cualquier caso, lo tienen todo controlado si se llegase a dar; quien no entienda que la feria más importante del mundo se puede montar en 8 o 10 días, es que no sabe de qué va ésto. 
Qué ruina.