El sacapuntas

David Herrero Muñoz


Partidos políticos y democracia

16/03/2021

En la actualidad, somos muchos los politólogos que tenemos la sensación de que las decisiones no se toman en los parlamentos, sino en los órganos rectores de los partidos políticos. Parece que estas organizaciones, poco a poco, están hurtando la soberanía al pueblo, el cual únicamente ostenta una titularidad más bien honorífica.
 La progresiva importancia de los partidos políticos para el Estado ha provocado su regulación constitucional, tanto en su significado, como en sus funciones principales, haciendo imprescindible su democracia interna. 
 Al ser los partidos asociaciones voluntarias, con capacidad de auto organización, se podría pensar que no se les debería obligar a organizarse y funcionar democráticamente, algo con lo que discrepo rotundamente. Los partidos políticos en España cuentan con una serie de ventajas, como el acceso a recursos públicos, lo que hace necesaria una relativa intervención en ellos, ya que son, entre otras cosas, mantenidos en gran medida por el conjunto de los ciudadanos a través de sus impuestos.
 La democracia en el interior de los partidos políticos no debe centrarse exclusivamente en quienes ejercen el poder dentro de ellos y su forma de hacerlo, o como se alcanzan determinados puestos. También hay que considerar si se respetan los derechos fundamentales de las personas sujetas a ese poder, es decir, de los militantes.
 El perfil de los militantes de los partidos políticos ha cambiado de forma notoria en las últimas décadas. Al menos yo, no me conformo con depositar mi voto en las citas electorales para elegir a mis dirigentes cada cierto tiempo. por el contrario, exijo más mecanismos de participación. Las nuevas tecnologías posibilitan que determinadas decisiones puedan ser consultadas, a través de ellas, de una forma rápida, segura y con un coste asequible. Con esto no quiero decir que todas las decisiones se deban someter a consulta, de manera asambleísta, pero sí las más relevantes, como, por ejemplo, formar parte de una coalición de gobierno, el apoyo de la aprobación de una ley de amplio calado social o la elaboración de las listas electorales.
 Del mismo modo, y como hemos podido comprobar durante esta pandemia, internet nos permite acceder a reuniones de una manera muy cómoda, posibilitando estar al día o creando grupos de discusión sobre diferentes temas sin movernos de casa. Los partidos políticos lo están haciendo, pero sobre todo a nivel de dirección, y no tanto en las relaciones con los militantes de base. 
 La «democracia interna» también está relacionada con la competición. Esta no solo se produce entre las diferentes fuerzas que compiten por la consecución de cargos públicos, sino también entre las diversas corrientes que existen, o podrían surgir, dentro de las formaciones políticas, y que se disputan el camino correcto para alcanzar los fines que comparten, al menos en teoría, el conjunto de la Organización.
  El dinamismo que podemos observar en la esfera política  genera que las nuevas ideas y perspectivas tengan que tener cabida en los partidos. El origen de nuevas formaciones, o la búsqueda de nuevas formas de canalizar las reivindicaciones, pueden ser consecuencia de no saber, o no querer, adaptarse a una nueva realidad social, erosionándose sus tradicionales porcentajes de apoyo, en términos cuantitativos, alejándose sobre todo las generaciones más jóvenes, que no encuentran respuestas a sus novedosas sensibilidades. El problema no está, desde mi punto de vista, en que los partidos tradicionales pongan barreras al derecho de afiliación, algo que salvo en justificadas excepciones no se produce, sino en la dificultad de poder ejercer otros derechos democráticos, como la libertad de expresar libremente, y sin consecuencias, propuestas u opiniones, que, sin ser desleales, difieran de la línea dominante. La frustración se incrementa  cuando los nuevos partidos ofrecen en sus inicios vías de comunicación e integración de abajo hacia arriba, para posteriormente dejarlas como papel mojado al crecer e institucionalizarse. 
 En ocasiones los partidos políticos, a través de técnicas como la disciplina interna, someten a la democracia para favorecer la eficacia que garantice su supervivencia en un mercado tan complejo como es el electoral, sin darse cuenta de que no tienen que ser dimensiones excluyentes, más bien todo lo contrario. Igual los ciudadanos no penalizan categóricamente la división interna, sino que ésta no se desarrolle de una manera natural, razonada y constructiva.
 Quiero finalizar recordando que es fundamental una verdadera igualdad entre hombres y mujeres en el acceso a los cargos públicos y de partido. Mientras la paridad de género no se cumpla, la mitad de la población seguirá estando infrarrepresentada en los centros de toma de decisiones, y desmotivada a la hora de afiliarse a los partidos políticos, mostrando su activismo en otro tipo de organizaciones más receptivas y flexibles.