Reloj de arena

Begoña Ruiz


Todo ha cambiado excepto la política

03/10/2020

Nos creíamos los mimados del destino y de la historia. Pensábamos que seríamos la generación que se libraría de la terrible experiencia de una guerra. A nuestros padres les tocó la Guerra Civil o la posguerra, al resto del mundo la Segunda Guerra Mundial.
Aparte, la medicina avanzaba a una velocidad tan vertiginosa que los científicos eran capaces de regenerar corazones con células madre, solo algunas enfermedades raras y ciertos tipos de cáncer se resistían, la mayoría se curaban. 
Los ecologistas intentaron concienciar al mundo sobre el cambio climático, Nos hablaban de la contaminación, pero lo considerábamos un inconveniente lejano, algún día el cielo estaba ennegrecido en las grandes ciudades por los atascos (una consecuencia lógica de las ventajas de ir en coche). El principal problema lo sufrían países del tercer mundo donde se habían instalado las fábricas para pagar ínfimos salarios y esquivar las leyes sobre el clima (como si al aire se le pudieran poner vallas y fronteras). En los países occidentales teníamos diferentes contenedores de reciclaje en diversos colorines: azul, verde amarillo, y con eso ya nos considerábamos comprometidos con el planeta.
Ya se nos había olvidado la amenaza nuclear de la Guerra Fría en la que cualquier mandatario tarado podía apretar un botón y desintegrarnos. Estos miedos eran normales antes de que cayera el Muro de Berlín, pero después resultaban de ciencia ficción. Tampoco había posibilidad de un conflicto bélico entre izquierdas o derechas porque Stalin había demostrado que los países gobernados por el comunismo eran esclavos de una dictadura obrera, y asumimos el capitalismo como dentro de lo malo, lo mejor.
Sí, había revoluciones lejanas a las que se podía ir a luchar por una causa aparentemente noble, pero ya sabemos que la heroicidad es un camelo para que un pobre soldado entregue sus piernas, sus ojos o su vida a un nuevo líder que hace exactamente lo mismo que hacía el anterior.
 Teníamos una vida larga y cómoda hasta que llegó la pandemia. 
A pesar de esta existencia placentera se notaba que algo se estaba pudriendo. El arte, que es la expresión del alma, llegó a la demencia. Los museos modernos mostraban un vaso de agua o un plátano como si fueran obras geniales y, lo que es increíble, tales artificios se vendían por sumas de dinero desorbitantes. Los escritores recurrían a la novela histórica de cualquier época porque durante esta todo parecía frívolo.
Si no somos sanitarios, no nos ha tocado ver a centenares de enfermos o moribundos, sin embargo llevamos más de siete meses evitando abrazos, marcando distancias, dudando del aire que respiramos, haciendo recuento de muertos y contagios…
Según los profetas modernos, los nacidos a finales del siglo XX y principios del XXI viviríamos más de cien años, desafortunadamente muchos no han superado el 2020. 
No estoy diciendo que la pandemia sea nuestro karma o un castigo divino, simplemente que dada la trayectoria de nuestra vida, quizás no estamos preparados mentalmente para enfrentarnos a un asunto tan serio, con el que no nos queda más remedio que apechugar.
Para empezar, los políticos que se presentaron como futuros parlamentarios, en las últimas elecciones, pensaron que se sentarían en la poltrona, les caería el sueldazo todos los meses con sus dietas correspondientes y lo único que tendrían que hacer es dar un poco la nota como si el congreso fuera un reality show. Pero, aparte del dinero, han caído un montón de enfermos y muertos a los que utilizan para rivalizar entre ellos. Los políticos españoles son incapaces de llegar a un consenso, y acatar los problemas a tiempo, como sí ha ocurrido en Alemania. Aquí si firman un acuerdo es cuando ya está todo patas arriba. Ponen de excusa su ridícula ideología a la que traicionaron hace mucho tiempo. Solo les interesan los futuros votos y continúan como en el pasado, aunque las circunstancias del presente son bastante distintas. 
Queridos lectores, espero que hayan disfrutado del verano a pesar de las limitaciones. Yo tenía la esperanza de que cuando retomara esta columna ya el coronavirus estaría más o menos controlado, pero desafortunadamente la pandemia sigue y los políticos también siguen a lo suyo.