Doble click

Francisco I. Pérez de Pablo


La cita previa

13/10/2020

De todas las decisiones y acuerdos adoptados en estos meses de pandemia y confinamientos la denominada cita previa para atención al público en las Administraciones Publicas me parece la más discutible de todas ellas, a las que se suman otras dudosas en cuanto a su eficacia, como controvertibles en la calidad y prestación de los servicios públicos. Como en todo siempre se corre el riesgo de la generalidad ante excepciones que también las hay aunque menores. El recurso a despachar sin atender sin esa cita previa se ha generalizado en la forma de entender el concepto de servicio público en la gran mayoría de las Administraciones frente a un ciudadano que acude obligado por una notificación administrativa o de oficio para que ese centro directivo resuelva su problemática, lo que materializa el vuelva usted mañana que Larra describió y qu es es para pasado mañana.
La normativa Covid tanto del Estado (RDL 21/20 de 9 de Junio), como de la JCyL ( Acuerdo 46/20)no regula expresamente la cita previa para atención personalizada, menos aún si se quiere normalidad. Uso de la mascarilla, cumplimiento de la distancia interpersonal y las medidas de higiene es lo único recomendado. La normativa recoge medidas para el control de aforos a través del personal de seguridad que velará por que se respete la distancia de seguridad y evitará la formación de grupos numerosos y aglomeraciones lo que permite la atención personalizada en locales de servicios públicos. La cita previa  -no limita aforos, limita la atención- debe considerarse extraordinaria y excepcional, más aún para los muchos profesionales que a diario tienen que relacionarse con la Administración.
La pandemia ha hecho retroceder la obligada atención en tiempo y formas, lo que se traduce en una considerable insatisfacción acrecentada en ciudadanos y profesionales que a diario se chocan con el muro de una ventanilla centralizada y mecanizada que ahora, ya sí, es impersonal. Mientas estos ocurre en el ámbito público ( más cuanto menor es la categoría y clasificación del empleado público), el sector privado, castigado con recortes y limitaciones atienden al momento al que se le demandan sus servicios ( cajeras, camareros etc).
El sector público – funcionarios, interinos, laborales- ha demandado y sus endebles responsables políticos han autorizado junto con la cita previa un teletrabajo (trabajo y tele casan mal con la esencia del empleado público) que disipa, por si hubiera dudas, el mal de un viciado sector público. Ambas realidades con la excusa perfecta que todo funcionario buscaba y no encontraba – algo “bueno” parece haber traído el virus- para liberarse del yugo que les supone la atención pública, personal y resolutiva a la que están obligados. Sumen a ello el descubrimiento de lo telemático – en una altísimo porcentaje los servidores y programas o no funcionan o están colapsados-. Lo telemático que tiene ventajas y aún todavía muchos inconvenientes sigue generando inseguridad jurídica, pero sirve al propósito público pues el funcionario se encuentra gratamente aislado dentro de una burbuja impenetrable. Y el cafetito. En la  “nube” es virtual. Aun así sin citas personales y las previas dilatadas en el tiempo los que están siguen haciendo varios altos en la jornada diaria con la pandi del curro -esto no lo cambiará ni el virus-. Como es conocido son los propios funcionarios los que de siempre han venido afirmando que en el sueldo les engañarán, pero en el trabajo no. Y así seguimos.