El buitre de colores

Vicente García


Por fin llovió, el agua llegó y Fuentes Claras olió de nuevo

23/09/2020

CON el agua caído estos últimos días, el campo parece haberse revitalizado de nuevo. A pesar de que entramos en el otoño, realmente es como si se tratara de «una segunda primavera».
El tapiz reseco de gran parte de la provincia ha cambiado de tonalidad volviéndose más verde y atractivo, aunque el color dorado tiene también su encanto, sobre todo al atardecer.
Los quitameriendas que hace sólo unas semanas se asomaban tímidamente entre un suelo reseco ahora han tomado posesión de los prados pisoteados por  personas y ganado convirtiéndolos en un tapiz violeta.
Con estas primeras lluvias otoñales, o más bien las últimas veraniegas también se ha producido un acontecimiento que para muchos puede haber pasado desapercibido: la aparición de las hormigas aladas que han salido en tropel de sus nidos para formar nuevas colonias. La sabiduría de la naturaleza les hace permanecer confinadas en el fondo de sus habitáculos hasta que la lluvia ha conseguido ablandar la dura tierra y así tendrán más facilidad para excavar su nueva casa. 
Es curioso observar a estas futuras reinas  que formarán enormes urbes bajo tierra cómo destacan por su tamaño sobre las otras congéneres de su misma colonia. Asombra también el contemplar cómo se desprenden de sus alas una vez que encuentran el sitio idóneo para excavar, a veces partiéndolas con sus poderosas mandíbulas. Todo un espectáculo que hemos podido ver hace sólo unos días y que en ocasiones ocurre también tras alguna tormenta veraniega de mediana intensidad.
Ranas, sapillos pintojos, de espuelas y corredores también salen ávidos de sus refugios bajo tierra detectando que está lloviendo gracias a que son capaces de notar la vibración producida sobre la superficie, emergiendo a centenares ocupando campos y carreteras.
La lluvia e incluso las tormentas, siempre que no sean torrenciales, traen nueva vida y salud a nuestros campos resecos e incluso un agradable olor a tierra mojada gracias a las moléculas de ozono agudizadas por los rayos y que las gotas de agua mezclan con aromas de plantas, minerales y bacterias habitantes del suelo.
Eso sí, las tormentas, como siempre,  han hecho rebosar de nuevo las alcantarillas situadas aguas abajo del puente  Adaja, vertiendo su inmundicia al río y a Fuentes Claras, y convirtiendo una zona de paseo y ruta turística muy visitada en una verdadera asquerosidad cuyo olor ni las mascarillas fp2 ni 3 consiguen amortiguar. Tal vez con una antigás lo logremos... :-(