TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Suárez

23/09/2020

Si todo en la vida fuese tan fácil, podríamos resumir el caso-Suárez con un «yo no lo quiero, pero si me lo tengo que quedar para que no lo tenga otro, me lo quedo». O sea, un disparate. O sea, este Barça.

Por lo visto, cuando el uruguayo firmó su primer contrato en azulgrana, hace seis años y 198 goles, el Barcelona incluyó una cláusula alocada en estos tiempos en la que se le impedía fichar por determinados clubes de elite llegado el caso de la rescisión de su contrato. Y se entiende en cierta forma la pataleta de última hora de Bartomeu, que iba a pagar parte de la ficha del uruguayo en la 20/21 y se niega a que el Barça financie los goles de Suárez en la Liga y en las filas de un rival directo. Y la partida de ajedrez está así ahora mismo: el Atleti quiere a Suárez pero no pagará su traspaso (lo que anularía la cláusula), Koeman no quiere a Suárez pero admite que si se queda contaría con él, el Barça quiere a Depay pero solo si se marcha Suárez. Y, ¿qué quiere el aficionado? Cordura. A estas alturas, eso le vale.

Hay una doble corriente de pensamiento en la culerada, no así alrededor de presidencia conde casi es unánime: si permitir que alguien que lo ha dado todo por el club tenga una salida plácida o no dejarlo ni por asomo, porque el club ya está haciendo el pardillo en las compras, como para hacerlo en las ventas. Y con eso de que Vidal se ha vendido por el ridículo precio de un millón en variables y que Rakitic se ha ido al Sevilla por apenas 1,5 millones, supongo que Bartomeu y su gente visualizan sus cabezas en picas si se les ocurre regalar a Suárez, pagar parte de su sueldo y que el próximo Atlético-Barça termine con un 1-0 (muy del gusto de Simeone) con varias paradas de Oblak y un gol del uruguayo. La situación está enmarañada como unos viejos auriculares recién sacados del cajón: los hay con paciencia para soltar todos los nudos, pero en este caso no hay tiempo.