El líder que hay en ti

Roberto Serna


Un vocabulario invencible

25/07/2020

A menudo algo tan sencillo como una palabra cambia por completo la sensación que experimentamos en el momento de pronunciarla. Cualquier experiencia de la vida puede ser manejada a nuestra voluntad si la describimos con las palabras apropiadas.
Hacer de cada momento algo maravilloso o por el contrario, algo extremadamente doloroso, no tiene que ver únicamente con el poder que trae consigo la propia experiencia, existe otra clase de poder, más personal, con el que dotar de un nuevo significado cada acto que vivimos. Ese poder son las palabras que utilizamos para describirlos.
Sin temor a equivocarnos, el lenguaje que usamos las personas para describir nuestra propia vida nos da más razones para sentirnos insatisfechos y pesimistas que motivados y con energía para continuar. Basta de una sola palabra en el momento equivocado y lo que podría haber sido una buena experiencia o un buen día lo perdemos por sentirnos con el ánimo por los suelos. Todos tenemos esa voz, ese consejero interior al que acudimos de forma automática para darle un sentido y una intensidad a cada instante, y el vocabulario derrotista en el que permitimos que nos hable es capaz de arruinarnos la vida.
Una sola palabra puede cambiarlo todo en un instante. Una palabra amable en un momento desagradable, un mensaje de aliento cuando las cosas no van bien, todo ello conforma una variada gama de sensaciones con la que percibimos nuestros días y que cambia nuestra forma de actuar en ella. Ese es el poder de quienes se hablan eligiendo palabras que les dan poder y la tortura para quienes se castigan hablándose como perdedores. Las personas cuando utilizamos palabras que nos dan significados distintos somos capaces de producir resultados que nos elevan a nuevos niveles de creación, a nuevos caminos de dirección.
Se supone que la vida es ‘difícil’, o que las personas son ‘un asco’, y le prestamos más atención a las creencias populares a través de las opiniones que son comunes que a describir las situaciones con nuestro propio lenguaje. Si queremos dirigir nuestros sentimientos y experimentar cada momento con las sensaciones que elijamos, ni podemos guiarnos por las opiniones de otros ni tampoco dejar que su vocabulario empañe, empobrezca o arruine las forma en la que vemos las cosas. Necesitamos cambiar el “esto es imposible” por “veremos qué ocurre la próxima vez”, el “parecía que sería mejor” por “haremos que sea mejor”, el “estoy abatido, casi derrotado” por “me recuperaré, y demostraré lo que he aprendido, porque no estoy aquí para perder”.
Las palabras negativas conducen a emociones negativas y las palabras positivas producen sentimientos de poder, fuerza y reflexión. No hay nada malo en hacer la prueba y llevar a la expresión nuestra forma propia de ver el mundo y comprobar de lo que somos capaces una vez establezcamos un lenguaje que nos represente, en lugar de utilizar el que los demás nos han enseñado y con el que inconscientemente filtramos de forma distorsionada todo cuanto nos ocurre. Las palabras dan poder sin limitación, y un vocabulario que nos ayude a transformarnos puede vencer cualquier obstáculo.