CARTA DEL DIRECTOR

Pablo Serrano


Sobrevalorándonos

10/01/2021

“El covid inglés, la borrasca filomena, el asalto al Capitolio… y sólo es el día 6 del año. Aún echamos de menos al 2020, verás tú”. Eso decía uno de los chistes que circulaban el día de Reyes a través de los teléfonos móviles. Una broma que tendría bastante gracia si no viviéramos en el contexto pandémico que desde hace casi un año nos asola. Somos capaces de reírnos de nuestras propias desgracias, quizás con una sana necesidad de aliviar las torturas que nos atormentan.  
Y con esa recreación de la realidad del comienzo del año acabaron los festivos navideños, y ante el incremento descompensado de casos de covid en la provincia se volvieron a anunciar medidas restrictivas que afectan de lleno a algunos sectores concretos de la economía local como la hostelería, los gimnasios y las grandes superficies comerciales. 
Sinceramente, el control que se tenía de la pandemia hasta las fiestas en Ávila, con una escasa incidencia de casos (78 por cada 100.000 habitantes, el 30 de diciembre, mientras España superaba los 265), una situación más o menos aliviada en el hospital (un 3% de camas ocupadas por pacientes covid) y en la zona de cuidados intensivos (una ocupación estable en el 22% con tendencia descendente), etc… nuestra provincia se situaba a la cabeza del país en control del virus, hasta el punto que me invitaba a pensar que a la vuelta de navidades podríamos incluso descender en el nivel de alerta, si bien es cierto que la explosión de casos detectada (según las estadísticas de la Junta de Castilla y León, que por deformación profesional e interés personal reviso a diario) en los últimos días de 2020 desmontaba esa creencia.
Soy de los que entiende con suma facilidad las medidas restrictivas, mucho más que muchos de mis familiares, amigos y allegados, hasta el punto de que soy al que tachan de exagerado. Pero este nuevo envite de quince días de persianas abajo para la hostelería, los gimnasios y los centros comerciales me incomodan porque veo desequilibrios que no se explican. Por mucho que he leído, no he encontrado explicaciones comprensibles a la estrategia de Madrid para controlar virus con la economía operativa y resultados contrastables. ¿Acaso esa misma estrategia no se puede aplicar en otras regiones para conseguir iguales resultados, sin cargar siempre sobre los mismos? ¿O acaso, en esa estrategia de rastreos se ha detectado un exagerado número de casos trasmitidos en esos establecimientos? Si así fuera, ¿por qué no se explica con trasparencia donde está el origen real de los últimos brotes? ¿O realmente no se sabe muy bien de dónde proceden y simplemente se busca condicionar parte de la movilidad de las personas? Claro que las medidas dan su resultado, como cuando nos encerraron dos meses en nuestras casas. Obvio. Pero ¿exagerado? Hemos oído que se va a hacer pruebas a los estudiantes universitarios en sus vueltas a las aulas. Será por algo. ¿Por qué no se explica todo sin paños calientes? Haciendo un símil con los colegios, no se plantea el cierre de aulas. ¿Debemos entender que unos lugares son foco de contagios y otros no? ¿Por qué no se aclara? 
Desde luego, hay que ser cautos, y buena parte de la responsabilidad recae en las personas. La inmensa mayoría está haciendo grandes esfuerzos, pero la ineptitud de unos pocos la estamos padeciendo todos. Por eso se antoja más necesaria la claridad de ideas.
Buscando forzadas analogías entre el coronavirus y el temporal, parece que es ineludible que es consustancial a la condición humana la capacidad de sobrevalorarnos frente a la poderosa fuerza de la naturaleza (o, para algunos, de los engendros de laboratorio). Centrándonos ahora en Filomena. ¿Acaso no se había avisado hace días? Nieva, y punto. Hay que quedarse en casa en la medida de lo posible, y evitar riesgos innecesarios. Esto en Ávila no nos pilla de sorpresa. Y recordemos de dónde vienen los mayores problemas ahora: de los desprendimientos y caídas, así que no salgamos sin mirar hacia arriba. Por cierto, que la ventaja de la minimalista iluminación de estas navidades es que no hay tanto riesgo de desprendimientos como en Madrid, que han tenido que encender el alumbrado para dar seguridad.
Sin quitar méritos ni aliviar responsabilidades, cabe reconocer que ha sido la mejor fecha para una gran nevada. Ahora, durante unos meses, quizás nos olvidemos de los problemas del agua si seguimos siendo cortoplacistas. ¡Que no nos pille el futuro con el pie cambiado!