En positivo

Elena R. Cornejo


Dificultades añadidas

25/06/2020

Una canción del grupo de música El Canto del Loco dice: ya nada volverá a ser como antes. Una letra escrita hace diez años pero que ahora describe, desde mi punto de vista, de manera acertada el concepto de nueva normalidad. 
Afrontamos un nuevo periodo que poco se va a parecer a la realidad que conocíamos. Además de la distancia de seguridad, se suma el control del aforo en prácticamente todos los espacios, por no mencionar el complemento estrella de esta temporada, la mascarilla. 
Es cierto que con los cambios de fases nos hemos ido adaptando poco a poco, pero ¿estas modificaciones son iguales para todos? A fin de cuentas, son normas que debemos acatar para garantizar la seguridad y el bienestar, pero no todos los colectivos de la sociedad lo van a tener tan fácil y es posible que muchos no se hayan dado cuenta, como me ocurrió a mí. 
La semana pasada, tuve la oportunidad de entrevistar a una persona invidente. Antes de comenzar le pregunté si, aprovechando el buen tiempo, había salido ya a pasear. Su respuesta me sorprendió. Me comentó que para las personas con discapacidad visual era costoso saber si estaban actuando correctamente. ¿Cómo hacerlo, si tocar ahora está ‘prohibido’ y yo necesito del tacto para guiarme? Quise que me profundizara sobre ello y no dudó en explicarme cómo las personas ciegas, si van sin una persona que les acompañe y ayude, no son capaces de respetar los dos metros de distanciamiento. Especialmente aquellos que llevan perro lazarillo ya que están adiestrados para aproximarse, lo más cerca posible, a la persona que vaya delante. 
Como éste, me puso más ejemplos. Hasta hace unos días, en el transporte público no se podían utilizar todos los asientos. La señalética que informaba sobre ello era visual, por lo que no podía ser percibida. Lo mismo sucede con las indicaciones que muestran el camino a seguir en muchos establecimientos o la ubicación de los hidrogeles. 
El uso de la mascarilla también les supone un problema. Con ella puesta, la voz suena diferente, distorsionada. Eso provoca que, en ocasiones, les cueste reconocer a la persona que se está dirigiendo a ellos. Incluso puede restarles capacidad olfativa, sentido que tanto utilizan.
Me quise poner en su piel. ¿Cómo se deben sentir al salir a la calle, casi tres meses después, y encontrarse nuevos obstáculos en su día a día? De la rutina, aprenden casi de memoria las calles y con ello, el mobiliario urbano que deben esquivar, pero con la ampliación de muchas terrazas tropiezan con nuevas trabas, al igual que más colectivos con otro tipo de discapacidad.
Durante años han luchado por la inclusión y ahora, con la llegada de la nueva normalidad, aumenta de nuevo su sentimiento de inseguridad. Facilitarles este proceso de cambio no es costoso. Solo debemos prestarles más atención, ayudarles o guiarles cuando puedan necesitarlo. Añadir a las señales visuales otras de tipo sonoro, pero más importante aún, indicarles cuando alguna acción no sea la correcta para evitar nuevos contagios.
Se avecinan cambios y tendremos que amoldarnos a ellos. Pero si algo nos ha caracterizado, durante estos duros meses, ha sido la solidaridad. No echemos el trabajo por tierra y sigamos sumando juntos.