El líder que hay en ti

Roberto Serna


Una victoria difícil

20/06/2020

Al otro lado de los miedos está lo que ya existe pero nos negamos a aceptar, nuestra verdadera vida. En el lado en el que comúnmente nos movemos se encuentra lo que nos hemos acostumbrado a tener, la ignorancia, el abandono y el desprecio hacia lo que consideramos correcto pero a la vez doloroso o difícil.
Atreverse a cambiar es a menudo una cuestión de decisión, más que de atrevimiento. Dedicarse a mirar la vida con ojos de valentía y no de derrotismo es lo que cuesta asimilar, resulta demasiado fácil ser tocado por el victimismo y estancarse ahí. Tal vez nos parezca que cada uno tenemos alguna excusa perfecta que nos libre de salirnos de lo que hasta ahora hemos considerado como normal, pero me temo que con demasiada frecuencia aquello que normalizamos no hace otra cosa más que quitarnos del camino las oportunidades que tenemos para cambiar. Cuando apartamos de nuestro lado estas oportunidades es cuando nos disponemos a fracasar.
Negarse a cambiar es aprender a morir por dentro, es negarse a creer en uno mismo y en lo que se podría estar haciendo. El viejo orador motivacional William Hybels dice que las personas se sienten mejor consigo mismas cuando han dado lo mejor de sí, y esto es cierto solo hasta que alguien olvida lo mejor de sí mismo y se predispone a aceptar la tortura en la que vive. Resulta literalmente imposible aguantar lo malo que se esté viviendo y sentirse bien por ello. Recuerdo entonces para estas ocasiones este dicho: «Por mucho valor que tengamos como personas, nunca brillaremos como tal si nos rodeamos de malas personas, malos hábitos o malas acciones».
Si no hubiésemos tenido nunca valor jamás habríamos conquistado batallas tan dolorosas como rupturas en la pareja, traiciones en la amistad, soledad en las pérdidas. No debemos contentarnos con lo que tenemos y esperar a que todo salga bien, ni vivir aceptando la suerte de un destino que nos hemos negado a controlar. Todos nosotros somos a la vez dueños del terreno en el que nos movemos y de las decisiones que tomamos para cambiar los fundamentos a los que nos hemos arraigado para acabar como perdedores, fundamentos que dicen que el esfuerzo de defender algo pertenece a posiciones que se escapan a nuestro control.
Está difícil mantenerse en lo correcto por encima de lo que es cómodo, y deseamos que lo malo pase tan rápido que lo correcto queda apartado en un segundo plano, pero recordemos que las personas nos sentimos bien cuando hemos dado lo mejor de nosotros sin importar los resultados, y eso equivale a hacer lo correcto. No vivir con arreglo a unos ideales y caer en la autocompasión y la aceptación es la comida que hoy, sobre la mesa, mañana deberemos buscar en otra parte, porque antes o después lamentaremos habernos fallado y traicionado, y apartarnos de nuestra verdadera forma de ser es estar lejos de allí queremos estar.
Sea lo que fuere a lo que tengamos que enfrentarnos lo podemos hacer desde una realidad llevada por el camino de lo que es real y verdadero o por el lado de menos trillado y más falso, y pocas cosas en la vida sientan mejor que comprometerse con uno mismo a no fallarse nunca.