El líder que hay en ti

Roberto Serna


Trayecto a la vida

21/11/2020

De no entender los motivos por los que actuamos, no tendría tampoco nadie por qué juzgar los resultados que obtenemos. Ni siquiera la vida misma. Ni siquiera nosotros mismos. 
La calidad de nuestras vidas está marcada más por las verdaderas intenciones que por lo que de ellas hemos cosechado. Entonces, ¿es posible ser feliz sin conseguir apenas nada de lo que nos propusimos? Esa es la diferencia entre proceso y resultado, entre intención y conducta. Cuando hacemos lo que queremos y disfrutamos de ello nada ni nadie debe juzgarnos, porque ni la vida ni las personas que nos rodean han sido creadas para entender nuestra vida a su manera, sino que somos nosotros los que interpretamos lo que hacemos de formas que nos den placer únicamente a nosotros, y disfrutar de lo que hagamos por encima de lo que obtenemos es uno de los motivadores internos más potentes que existen.
Por lo general, vivir es un detalle que a menudo olvidamos. Estamos tan centrados en el final de nuestras acciones y las recompensas que se derivan de ellas que olvidamos casi por completo lo que nos hace sentir como personas fuera de lo común, como seres con algo único que aportar a una sociedad que se muere por la repetición y la monotonía. Y las justificaciones que nos damos son perfectas para no hacer, no crecer, no arriesgarse y no vivir. Un «hoy no tengo un buen día» y «en cuanto el viento traiga viento a favor» son premisas que para algunos se han convertido en dogmas de vida.
Amarse a uno mismo es el comienzo de una aventura a la que si le permitimos realizarse, bajo el manto de aciertos y fracasos, se convertirá en un propósito de felicidad eterna. Es nuestro miedo a brillar y sobrepasar la común de las opiniones de lo que es “normal” lo que nos impide poner el listón en la cima que podríamos coronar, y se hace triste observar cómo miles de personas no se muestran ni tan siquiera decepcionados por ello, abandonan sus posibilidades de lograr algo grande en la vida sin apenas despeinarse.
Quienes sí deciden despeinarse en el duro juego de la vida es el premio que se llevan consigo, el haber luchado, el haber aprendido y haber caído en combate con las sensaciones de realización de una promesa. Las cosas no son mejores cuando se consiguen, sino cuando somos nosotros los que mejoramos mientras tratamos de conseguirlas. ¿Qué intenciones tenemos sobre nosotros y nuestros propósitos?, ¿qué tipo de personas somos?, ¿qué tipo de vida queremos llevar?, y una de mis preguntas preferidas y que ha desplegado todo su poder en mi vida, ¿en qué puede todo esto ayudar a los demás? 
Los modelos de motivación intrínseca basados en el legado y el desafío confieren a quienes se ven arrastrados por ellos la fuerza que se necesita para un futuro de crecimiento personal, familiar y social a gran escala. ¿Qué cosas puede haber mejores que ayudar a otros a ver el lado bueno de su vida mientras construimos nosotros el nuestro propio?
Bernard Shaw dijo que la vida no se trata de buscarse a uno mismo, sino de crearse a uno mismo, lo cual es cierto, porque cada día tenemos la oportunidad de crear una vida hecha a nuestra medida, de dar el ejemplo para que los demás hagan lo mismo y todo sin importar ni el punto de partida ni el punto final, todo orientado a disfrutar del trayecto.