El cimorro

Gerardo L. Martín González


Algunas curiosidades sobre ‘El Tostado’

24/07/2020

Es conocido el texto de la cartela que se encuentra en el altar de ‘el Tostado, de don Suero del Águila, corregidor de Ávila, comunero y promotor del Palacio de los Verdugo. Está a la izquierda, según miramos, entre las columnas de granito de la girola que enmarcan el sepulcro, que dice: «Aquí yace sepultado, quien virgen vivió y murió, en ciencias mas esmerado, el nuestro obispo Tostado, que nuestra nación honró. Es muy cierto que escribió, por cada día tres pliegos, de los días que vivió; su doctrina así alumbró, que hace ver a los ciegos» ¿Cómo asegura que escribiera tres pliegos diarios? Pues contando los pliegos escritos por él, y dividiendo por los días de su vida. Esto es muy inexacto cuando no se sabe la fecha de su nacimiento, eso sí, en Madrigal de las Altas Torres, no como he visto escrito por ahí, Madrigal de la Sierra o Madrigal de las Torres, y Tomás Sobrino dice «a principios» del siglo XV, sin precisar año; Cándido Ajo si precisa diciendo que fue en el año 1402; otros le ponen la edad de 55 años a su muerte, en 1455; otros le dan de vida 45 años, por lo que hay un paréntesis de diez años entre unos y otros, y por tanto el número de pliegos escritos sería distinto, entre 49.275 y 60.225, lo que es una barbaridad, y podría haber otros escritos que no se contabilizaron. Aunque fuera un niño prodigio, tampoco sabemos a qué edad empezó a escribir, como tampoco los periodos que, por circunstancias o escribía mucho o nada. Tampoco sabemos con precisión, el tamaño de los pliegos, que no serían siempre el mismo, aunque si manejables, para poder hacerlo en cualquier momento y circunstancia, dejando los grandes tamaños, para el pupitre o scriptorium. La palabra pliego equivale a decir «un papel», que en su época no estaba normalizado como ahora con normas internacionales, DIN o ISO, aunque su significado es, papel que se pliega o dobla. Sea como fuere, un día podía escribir mucho y otro día nada. El tamaño mas corriente de papel era el ‘folio’, u hoja, muy propio de Europa, cuyo tamaño hoy día es de 215 mm x 315 mm; y suponiendo una vida de treinta años de escritor, esos pliegos o folios serian alrededor de 33.000, o una superficie escrita de 2.235 m2. Jugando con los números, como divertimento, podríamos decir que escribió para cubrir cinco veces una pista de baloncesto; también podíamos hablar de su volumen y de su peso, pero sería cansino. Siendo siempre una enormidad, saldríamos de dudas volviendo a contar los pliegos originales.
La iniciativa de un proceso de santidad, no solo fue por lo que escribió, sobre todo de temas bíblicos y teológicos, muy apreciado por los teólogos de finales del siglo XV; hasta Cervantes le cita en El Quijote, llegando su fama hasta el siglo XVIII, donde parece ser que se diluye su estudio o conocimiento, sino cómo fue su vida, de lo que quedan algunos testimonios, que recojo de Tomás Sobrino en Historia de las diócesis españolas, en concreto, la de Ávila, y de otros. Al parecer solo tenía la ordenación de diaconado, antes de ser nombrado obispo, con una bula pontificia para que fuera previamente ordenado presbítero. Educado de niño por los franciscanos, en Madrigal y en Arévalo, y después continuando sus estudios en Salamanca, donde destacó rápidamente, como colegial, catedrático y rector, incluso canónigo de la catedral salamantina en octubre de 1441, con una increíble memoria, que podía trascribir sin error un gran texto en latín recién leído. De su estancia en la cartuja de Scaladei solo sabemos el aprecio que allí mereció, pese a su corta estancia, solo tres meses, según consta en el registro que hacia el abad de entradas y salidas, y no por su voluntad, sino por la del rey Juan II que le sacó de allí para hacerle su consejero, y propuesto por el mismo para la diócesis de Ávila. Dice Sobrino, «fue modelo de pobreza personal, liberalidad con los necesitados, integridad, amor a la justicia, laboriosidad, antinepotismo, …» pero se lamenta de los poquísimos testimonios que han quedado de su vida. Solo hay dos documentados, siendo ya obispo, como la reparación de las campanas de la iglesia de San Nicolás, en Madrigal, cuando el ayuntamiento se negaba a colaborar. También se conoce parte de su testamento, solo una hoja, que dice: «Digo y mando que se den mis vestidos todos a pobres clérigos, …, los bienes de hacienda que me sobraren se den a los pobres, pues es todo hacienda suya, …» Otro hecho que consideraron milagroso se refiere a lo que aconteció cuando se llevaron los manuscritos que se encontraban depositados en el Monasterio de Guadalupe y en el colegio de san Bartolomé de Salamanca, para la primera impresión en Venecia. Una gran tormenta hizo naufragar el barco en que se trasportaban en un arca, cerca de Barcelona, hundiéndose toda la carga, salvándose los pasajeros que llegaron a nado a la costa medio desnudos. Cuando estaban lamentando la pérdida de tan preciosa carga, como eran aquellos escritos del Tostado, vieron a la mañana siguiente en el horizonte, como si viniera nadando, el arca donde se habían depositado, encontrándose los papeles ilesos sin sufrir daño, presentando un informe en Roma, ante el Auditor de la Cámara Apostólica, firmado por diez testigos oculares de tan portentoso caso.
Queda mucho por saber de Don Alonso de Madrigal, el Tostado, el Abulense.