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Domingo del Prado

Los lunes de Domingo

Domingo del Prado


«¡Gracias, Antonio!»

04/04/2022

El signori Mario Draghi,
Primo Menistri Dei Talia,
al final de la reunión
que hace poco celebraran
en Roma, Civitá Aeterna,
solemne, metió la pata
y cambió de nombre a Pedro
Sanchez I de Hispania,
diciéndole, sin vergüenza,
alto y fuerte: ¡Antonio, Gracias!

Copiando al signori Draghi
y sin ánimo de chanza,
aprovecho esta columna
y doile también las gracias,
aunque algunos quieran darle 
una fuerte bofetada,
como la que dio don Will
Smith hace una semana
en la gala de Don Óscar
en sonora madrugada…
En vez de darle un tortazo,
debemos darle las gracias.

Gracias, don Antonio Sánchez,
por querer tanto a su patria,
porque usted la quiere mucho,
—aunque hay amores que matan—.
Gracias, aunque algunas lenguas
viperinas, aún proclaman
que es usted un embustero…
¡qué mentira más tamaña!
Gracias por sus subvenciones,
por repartir tanta pasta…
Gracias por darle a las gentes
de la isla de La Palma
todo lo que prometió
cuando el volcán humeaba…
Gracias por llenar de euros
a Navalacruz y a Ávila,
tras el pavoroso incendio
que sus montes arrasara…
(Aunque algunos aún protestan:
—¡No nos ha llegado nada!
¡Habladurías! ¡Malas lenguas!
¡Hay que tener mucha cara!).

Gracias por dar la propina
a los que ayer protestaban
subidos en sus camiones
reclamando su soldada
—que no es un soldado hembra,
sino el sueldo, o sea, la paga,
según reza el diccionario
de la lengua castellana—.

Gracias por subir el precio 
del pan y de las patatas,
así los agricultores
mucho más dinero ganan,
que el gasoil y los abonos
más de un huevo le costaban,
y los piensos necesarios
pa que den leche las vacas
le cuestan el otro huevo
que sus gallinas no daban.
Gracias, porque los pesqueros
contentos, cada mañana
salen en busca de arenques
y sardinas y caballas
—que es el nombre de un pescado,
no la hembra de la cuadra
que sueña con su caballo,
en un buen lecho de paja;
se lo aclaro, por si acaso
Doña Montero se enfada,
que no está el horno pa bollos,
en la cosa igualitaria—.

Gracias por el bajo precio
de la luz, que estaba cara,
mas cogiendo usted los mandos,
cada día algo más baja,
que de «luces» y de «enchufes»
sabe usted una burrada.
Gracias, porque la inflación
la tiene usted bien atada
y gracias a sus medidas
tiene una cifra tan rácana
que no llega al 10 por ciento,
lo cual es una gozada.
Gracias por echar las culpas
al Putín que a Ucrania ataca,
porque usted es inocente
de todo lo que nos pasa;
lo dicen las Cajastontas,
donde a usted siempre lo sacan
luciendo esbelta figura,
luciendo espléndida facha
—facha es «forma», no es «fascista»,
dicho de manera franca—.
¡Llamar facha a don Antonio,
era lo que nos faltaba!

Gracias por los 20 céntimos,
que a toditos nos rebaja
en el precio del gasóleo,
gasolinas y otras gaitas,
y en la cesta de la compra,
cada día más barata…
Y gracias por regalarle
a don Mojamed el Sájara,
sin pedirle nada a cambio
en su carta tan magnánima…
¡Cuán generoso es usted!
¡Dé su mano por besada!
¡Que de desagradecidos
está Hispania hasta las trancas…! 

Por todo esto, y mucho más,
que no cabe en esta página,
no me canso de decirlo:
¡Don Antonio, muchas gracias!