"El romántico es sufridor por naturaleza"

María Albilla
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Después de 'sangrar' con tres discos de boleros, Manuel Quijano y su trío Café Quijano regresan al pop rock con la reedición de 'La vida no es lalala'. ¿Qué será entonces para él?

"El romántico es sufridor por naturaleza"

Enérgico, dinamita pura, amante de la velocidad y la fotografía. Un romántico de los que canta al amor y al desamor... Así es Manolo Quijano, un tercio del grupo que desde hace décadas navega por la música «a velocidad de crucero».
Su último disco se titula La vida no es la la la, pero ¿usted es en la vida de los de lirili o lerele?
Soy de los que entiende que la vida es una aventura maravillosa que merece la pena disfrutar a pesar de que, en muchas ocasiones, se empeñe en complicarnos el camino. Aun así, tengo claro que aunque no todo sea un lalala continuó es un viaje apasionante.  
Vuelve al pop rock después de unos años dedicado a los boleros. ¿Ha sangrado mucho con tanto romanticismo?
¡Muchísimo! Pero, no solo durante nuestro periplo bolerístico sino antes, durante y después. El romántico es sufridor por naturaleza. Esto viene a colación de lo dicho anteriormente sobre la vida. Parte de la salsa la pone el romanticismo, dependiendo de la medida, obviamente.  
¿Necesitaba un poco más de marcha?
Soy afortunado en ese sentido. Me animo con poco. El bolero me da un ritmo que me apasiona y el rock, también. Cada uno con sus matices. El rock, a priori, es más propenso para mover el cuerpo, al menos, a más velocidad. Pero, el bolero te mueve el corazón, el alma.  
¿Es más de Cuba o de México?
La música de los dos países fue la que más he escuchado en mi vida, desde niño. No podría decantarme en el caso del bolero, por ejemplo, por el cubano o el mexicano. Me encantan ambos a pesar de ser tan diferentes. Conozco los dos países y al igual que su música son bien diferentes. Si tuviera que vivir en alguno de ellos, tampoco, sabría con cuál quedarme. Qué curioso, ¿verdad? 
¿Qué hay en su libro Detrás de la letra y qué se esconde detrás de las letras?
Hay historias reales, extraordinarias, que dieron pie a algunas de las canciones que he ido componiendo a lo largo de los años. Y, digo extraordinarias porque así lo fueron se hubieran convertido en canción o no. Fueron situaciones que cuando las recuerdo hoy en día me  asombran y que, probablemente, hoy no sería capaz de propiciarlas como, por ejemplo, llamar por teléfono a una presentadora de televisión de la que me enamoré platónicamente y con la que tuve oportunidad de comenzar una relación.  
Hemos descubierto quién es La flaca y ahora en su libro también La Lola… ¿qué va a ser lo siguiente?
Soy una persona muy inquieta. No soy capaz de estar sin hacer nada y mientras hago la promoción de este libro estoy metido de lleno en la composición de las canciones del nuevo disco y en un proyecto muy bonito de fotografía. 
¿Es más de vida propia o ajena a la hora de escribir canciones?
Ambas. La mía me inspira bastante, la verdad, pero hay otras vidas apasionantes que no se me pasan por alto y necesito contarlas o, al menos, contar la parte con la que más me identifico. Es en los matices donde se encuentran los argumentos.
 ¿Y más de amor o desamor?    
Soy de amor, por supuesto. Pero, el amor, casi siempre, lleva al desamor. Escribir canciones muchas veces es una vía para desahogarse.  
¿Llora o canta cuando no le quieren?
Procuro aprovechar las malas rachas sentimentales para sacar partido en forma de composiciones. Desahoga. Pero, también he llorado lo mío. Lo único que deseo es no volver a llorar más aunque tenga que sacrificar ciertos argumentos para componer. 
¿Y qué hace cuando le aman?
Disfrutarlo y motivarme para hacer canciones más vitalistas, más alegres.  
Aunque cante que del mañana nada pienso, nada escribo, ¿prefiere el pasado, exprimir el presente o pensar en el futuro?
El pasado debe servir para sonreír cuando lo recuerdas y para aprender. El presente para vivirlo con la mayor intensidad posible y el futuro nunca debe convertirse en una obsesión para que no te impida disfrutar del minuto en el que vives.  
¿Qué tal funciona el trío de Café Quijano?
Como un reloj suizo. Después de tantos años le hemos cogido el tranquillo y llevamos muy buena velocidad de crucero.  
¿Qué sería en la vida si no se dedicara a la música?
No lo sé. Sí sé que me hubiera gustado ser: piloto de rallies.  
Le apasiona la fotografía. ¿La cámara es su tercer ojo?
Me apasiona no sabes cuánto. La fotografía es parte de mi vida y siempre tengo algo por hacer. Es un mundo de posibilidades inacabables.