«El proceso del niño de La Guardia no debió ser en Ávila"

D.C
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El periodista José Ramón Rebollada novela en 'La santa infamia' un proceso llevado a cabo por la Inquisición sostenido sobre "hechos que nunca ocurrieron" que fue "una situación manipulada de principio a fin para conseguir unos fines premeditados".

«El proceso del niño de La Guardia no debió ser en Ávila" - Foto: Isabel García

El 16 de noviembre de 1491, en un auto de fe celebrado en la ciudad de Ávila, dos judíos y tres conversos son condenados a muerte por la Inquisición y quemados vivos poco después. El delito que se les imputó para quitarles la vida era el asesinato ritual de un niño en la localidad toledana de La Guardia, aunque todos los indicios apuntaban a que nada de eso había ocurrido y lo que se había llevado a cabo en realidad era un ajuste de cuentas contra un pueblo, el judío, que comenzaba a ser perseguido con inquina.
Esos hechos históricos sostienen la trama de la primera novela publicada por el periodista, escritor y cineasta vallisoletano José Ramón Rebollada, una obra titulada La santa infamia (editorial Fanes) que el propio autor presentó este lunes en Ávila.
Esta primera novela, comentó Rebollada, «es una obra que me ha costado mucho trabajo, sobre todo el que me supuso ponerme a escribirla», ya que el material que ha utilizado para su construcción, con mucha documentación histórica, «lo fue llevando a cabo durante muchos años, en parte los que trabajé en Ávila, y la decisión de ponerme a escribirla se ha centrado en los últimos dos años».
La obra, añadió su autor, «podríamos definirla como una ficción novelada basada en hechos reales terribles que ocurrieron en Ávila aunque no había ninguna razón para que tuvieran lugar en esta ciudad». El desarrollo de la novela, de 354 páginas, lo hace José Ramón Rebollada en forma de crónica, «de alguna manera se me tenía que notar mi profesión de periodista», a través de un discurso fluido en el que ha querido recoger el «acta inquisitorial» que llevó a las condenas a muerte.
Todo el caso, apuntó, «fue en realidad un proceso en el que la Inquisición juzgó unos hechos que nunca ocurrieron y en el que el propio inquisidor Torquemada no respetó las normas de procesamiento que había creado él para decidir una condena sin prueba ninguna». La tesis a la que ha llegado el novelista tras investigar los hechos, teniendo claro «que no soy historiador y lo que hago es valorar esos sucesos a través de mis personajes», es que «este proceso fue provocado de forma intencionada para colmar el vaso que llevaría muy poco tiempo después a los Reyes Católicos a expulsar a los judíos de España; es decir, que fue una situación manipulada de principio a fin para conseguir unos fines premeditados».
A apoyar esa conclusión se añade el convencimiento de que «aunque nada de lo que en teoría ocurrió tenía que ver con Ávila, ya que ni el presunto crimen ocurrió en suelo abulense ni los acusados eran de aquí,  Torquemada se empeñó en que el juicio tuviese lugar en una ciudad en la que la convivencia entre la población cristiana y judía era bastante buena, tras lo cual puede suponerse que había alguna intención».
Ese proceso lleno de mentiras, añadió Rebollada, «no tiene quizás mimetismo con algo que pueda ocurrir hoy, pero lo que sí es cierto es que guarda un gran paralelismo con el uso político de la realidad en beneficio de intereses ocultos que nunca ha dejado de hacerse».