CARTA DEL DIRECTOR

Pablo Serrano


La solución que no tiene solución

28/02/2021

A pesar de los vientos de cambio que he percibido en algunos proyectos, como he dejado de manifiesto semanas pasadas, en otros de los proyectos que sigo calificando como necesarios para garantizar un futuro sostenido y sostenible para la provincia de Ávila no percibo tanto entusiasmo, siquiera estando en la agenda política, que es desde donde ha de surgir el empeño por culminar alguno planes atascados en la bandeja de las promesas.
Esta situación me evoca la provincia como pollo corriendo descabezado al tuntún sin otro destino que su agotamiento vital.
Todo esto viene al hilo del proyecto discutido en las Cortes de Castilla y León esta semana al hilo de la pregunta del procurador de Por Ávila, Pedro Pascual, y la respuesta del presidente de la Junta de Castilla, Alfonso Fernández Mañueco, sobre la necesaria autovía A-40, que a pesar de habernos referido a ella en innumerables ocasiones, cabe recordar que conectaría Ávila con la localidad toledana de Maqueda, asemejándose a una circunvalación sur para la capital de España, con todo lo que eso puede suponer para Ávila capital –insisto, convertirse por inercia en nudo logístico–, y las localidades del Alberche. Las palabras que sonaron en el hemiciclo castellano y leonés fueron muy bonitas, pero no ilusionantes, al menos para un servidor, porque como explicaba el procurador abulense, «todos los gobiernos consideran fundamental, pero ninguno dota de financiación para llevar la infraestructura a cabo». El intento de Pascual por llevar a la agenda política es tan oportuno como baldío, quizás porque la competencia en infraestructuras corresponde al Gobierno central, que está en otras cosas ahora. Probablemente tan inútil como este grito de auxilio que quieren ser estas palabras que simplemente aspiran a poner el acento sobre lo que desde hace años he defendido como la alternativa para poner a Ávila de nuevo en el mapa de la generación de oportunidades.
A mediados del mes de junio de 2009, hace casi doce años, que se dice pronto, trataba este proyecto al hilo del análisis de dónde estamos y qué podemos hacer en una carta titulada «Corredores viales y logística». Era un tiempo menos polarizado, a pesar de la incipiente crisis económica, en la que el Ministerio de Fomento, dirigido entonces por José Blanco –el ministro socialista que nos hizo creer que íbamos a tener un ramal de alta velocidad con Segovia en 2010 (campaña electoral)–, y la Junta de Castilla y León, que pilotaba Juan Vicente Herrera, comprometían un «protocolo de colaboración» (2 de junio de 2009) para impulsar una infraestructura que podría estar concluida en un plazo de tres o cuatro años si se lo hubieran propuesto verdaderamente. Pudiéramos pensar, por lo tanto, que doce años atrás nos encontrábamos en un estadio más avanzado que al actual. Ahora ni siquiera existe ese inservible «protocolo de colaboración» entre los promotores, ya que de nada sirve el compromiso anunciado por una parte si no tira del carro quien debe llevar la voz cantante de este proyecto. Y a pesar de que se llegaron a dedicar dineros de las arcas públicas –de esos que salen de su bolsillo y del mío– para estudios e informes que acabaron en la papelera por caducos, el anuncio de colaboración, realizado en precampaña, poco duró. El 2 de noviembre de 2010, en un nuevo encuentro para tratar infraestructuras entre el entonces ministro Blanco y el entonces presidente Herrera (ahora lo recuerdo como una época de conversaciones tan reales como poco fructíferas, puro teatro), no queda constancia de que la autovía Á-40 se abordara, aunque en años venideros se publicaran estudios informativos, de impacto ambiental... como digo, todo caduco. 
Demasiados jugadores están entrando a formar parte de una partida sin fin, mientras otros salen. No hay manera así, no hay –valga por delante la redundancia– una solución para lo que podía ser una solución  con garantías para esta provincia. 
Hoy por hoy veo tan lejana como necesaria la A-40. Así que hoy no confío, literalmente, desconfío. Así que hoy solo me queda desear que vuelva a entrar en la verdadera agenda política este proyecto que más que una infraestructura es una solución, nuestra particular vacuna frente al aislamiento.