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Roberto Ponce

Hablemos de Ávila

Roberto Ponce


Su última escalada

15/06/2022

Imagino que no me puedo considerar su amigo. Seguro que la palabra amistad se queda grande, aunque el grado de cariño sí era máximo y mutuo, por lo que me transmitía y después me han confesado sus allegados.
Cincuenta y tres años de diferencia. Eso denota que lo único que he podido ver de sus hazañas son los videos en blanco y negro, las fotografías antiguas. Algo que no restaba ni un ápice mis ganas por aprender de él, con sus charlas, consejos y aventuras de un tiempo que parece lejano.
Es posible que fuera en una Vuelta Ciclista a Ávila cuando mantuvimos la primera conversación, hace unos quince años. El mítico Julio Jiménez. Yo intentaba seguir los pasos de Luis María Soto en la labor informativa (y sigo en ello). Naturalidad y dedicación. 
No tengo duda que fue él quien me presentó a Julio. La complicidad entre ellos era evidente, y estando a su lado percibías que esos hombres tenían mucho que contar. Lo hacían sin alharacas ni aires de grandeza, pero los episodios que narraban eran proezas sobre una bici.
Un privilegio para un chaval apasionado por los deportes, más en una provincia como la nuestra, que ha crecido pidiendo autógrafos al Chava Jiménez, apoyando a Paco Mancebo en cada Tour al otro lado de la tele y entrevistando a Carlos Sastre nada más aterrizar procedente de París con un maillot amarillo en la maleta.
Si lo que Julio Jiménez consiguió en la década de los sesenta en las principales carreras por etapas lo hace un belga o un francés, ese ciclista sería una leyenda, una institución nacional. No dudo que este menudo abulense lo sea en España, por supuesto en Ávila, pero me quedo con la sensación (analizando la sociedad actual, tan falta de respeto en tantos ámbitos) que se le valoraba más en Francia que en su país.
Ha recibido en vida un sinfín de homenajes y cariño. Existen decenas de reportajes y documentales en los que narra las penurias y anécdotas ocurridas en los puertos más emblemáticos del panorama ciclista internacional. 
Tuve el honor de formar parte del proyecto Pedagogía del Esfuerzo, conformado por tres documentales dirigidos por Jesús del Caso centrados en historias relacionadas con el deporte. El último, titulado 'La escuela de 2 ruedas', cuenta con los testimonios de muchos profesionales de la bici que se pueden agrupar con el sobrenombre 'El clan de los abulenses'.
Dicho corto se presentaba en junio de 2017. Apenas dos meses después, al finalizar la Vuelta Ciclista a Ávila en El Tiemblo, fui testigo de un reconocimiento a Julio por parte de sus amigos, los del mundo de la bicicleta.
Julio Jiménez, como era habitual, entregaba alguno de los premios de cada etapa en la ronda abulense. Se cumplían 50 años de su segundo puesto en el Tour y la organización de la Vuelta a Ávila le quería recordar la efeméride. Subió a lo más alto de pódium y se enfundó una réplica del maillot de campeón de España. Se le veía un hombre feliz.
Esa prenda es la que llevaba en la fotografía que me dedicó en diciembre del pasado año. Cuando llegué a su casa Julio estaba arreglando un despertador, a sus 87 años. Apartó los aperos del oficio y me la firmó con esa bondad y ternura que desprendía. No sé si esas agujas que intentaba reparar con esmero volvieron a moverse, pero el Relojero de Ávila inició su última escalada y tengo la sensación de que quedaron demasiadas cosas por   compartir.