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Soraya García

Un guiño a lo nuestro

Soraya García


Caída de WhatsApp

27/10/2022

A las 8:01 del pasado martes, 25 de octubre, me llegó el primer mensaje de WhatsApp de la jornada. Era un recordatorio de una rueda de prensa. Sí, uno de los grupos relacionados con mi trabajo era el primero en abrir la tanda de mensajes que llegarían a lo largo de todo el día. Lo normal. 
Son las 9:46 cuando escribo a un familiar y me doy cuenta de que los mensajes no le llegan. Sin más, asumo que WhatsApp no funciona por lo que sigo con mi rutina. Al llegar al trabajo, el tema de conversación es que dicha aplicación ha sufrido una caída a nivel mundial desde las 9:00 de la mañana. 
A las 10:30 acudo a la primera rueda de prensa. Antes de que esta comenzara, algunos compañeros comentan que, para organizar su jornada de trabajo, han utilizado Telegram. Por lo visto, en su empresa, cuando WhatsApp deja de funcionar, pasan al plan B. Sin embargo, otra persona comenta que ha tenido que utilizar el correo electrónico. Pero la incertidumbre se acaba en menos de dos horas. A las 10:46 veo que el mensaje que había enviado a un familiar tiene el doble check gris. La aplicación de mensajería instantánea más utilizada en el mundo, vuelve a restablecerse. Sigo con mi rutina. 
A las 11:30 llego a la segunda convocatoria que me tocaba cubrir. Una periodista de otro medio de comunicación nos cuenta que algunas gestiones de trabajo que normalmente hacía vía mensaje, las ha tenido que hacer a través de llamada telefónica. Y en ese momento me fijé en la sonrisa de esta compañera de profesión. Nos contaba lo bien que se había sentido al ponerse en contacto con esa persona. La conversación que habían tenido ya les había alegrado el día. Porque los mensajes, al final, son palabras escritas y no aprecias de qué manera llegan al receptor. Por eso, es tan importante una simple llamada. Y si es en persona, de tú a tú, mucho mejor. 
Esta es la radiografía de cómo viví este pequeño apagón de WhatsApp. Pero quitando las pequeñas anécdotas que les acabo de contar, quiero hacer una pequeña reflexión. El móvil, las redes sociales, las aplicaciones de mensajería… nos están absorbiendo tanto que, en algunos casos, puede ser incluso un problema. Una adicción. Esa necesidad de mirar constantemente si hemos recibido un nuevo mensaje o la urgencia de responder con rapidez.   
Qué felices éramos antes de que hubiese móviles, aplicaciones, redes… Las relaciones interpersonales eran más directas, en ellas la conversación cara a cara era la esencia. Ahora se ha normalizado acudir a una cena en la que los comensales están más atentos al móvil que a lo que se pueda hablar en la mesa. Triste, sí. Pero, ¿somos conscientes de lo que nos estamos perdiendo? 
Cierto es que las nuevas tecnologías y formas de comunicarnos han cambiado nuestra vida para hacerla más fácil, pero eso trae consigo otras desventajas. Tenemos que poner en valor el diálogo en la sobremesa, un atardecer sin fotos o una carcajada de nuestro hijo sin necesidad de tener que grabarlo en vídeo. Disfrutemos de la vida haciendo que nuestros recuerdos estén hechos de momentos.

ARCHIVADO EN: WhatsApp, Telegram