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«La obra de Ravel va mucho más allá de su célebre Bolero»

D. Casillas
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López-Antón aprovechó la cita del martes del ciclo 'Contando la música' para hablar de Mi madre la oca, que contiene un movimiento que «es una de las piezas más maravillosas que se han escrito para orquesta»

El ciclo 'Contando la música', que tiene como ponente al director de la Orquesta Sinfónica de Ávila, José Luis López-Antón, dio el protagonismo de la cita de este martes al compositor francés Maurice Ravel y en especial a su obra Ma mere l'oye (Mi madre la oca) de Ravel, «una de las piezas señeras infantiles que hizo». 

La obra que centraba ayer el interés de la charla, explicó López-Antón, «tiene cinco movimientos basados en cinco cuentos, el primero es la Pavana de la bella durmiente, el segundo es Pulgarcito, y luego vienen La niñita fea. La emperatriz de las pagodas, Conversación entre la Bella y la Bestia y El jardín encantado». Ese conjunto, destacó, «son cinco pequeñas joyas que muestran a Ravel en su máximo esplendor orquestador, con la inclusión de instrumentos que le dan ese color tan típicamente francés a la orquestación, como puede ser el uso de la celesta en Conversaciones de la Bella y la Bestia, es muy curioso ver cómo utiliza el contrafagot  como elemento para definir a la Bestia con ese sonido tan agrio y tan áspero que tiene, el cual se contrapone con el clarinete que es la Bella, que tiene un sonido muy dulce».

Para componer esta pieza «Ravel se inspiró en fábulas de Perrault» y aplicó algunas de las innovaciones que se estaban llevando a cabo en aquel momento, «por ejemplo en La niñita fea utiliza ese tipo de escalas exóticas que también aplicó Debussy después de la Exposición Universal, como la pentatónica».

Ma mere l'oye, explicó el ponente, «nació como una colección de piezas infantiles, en primer lugar para piano a cuatro manos, luego para piano de una sola persona y después se hizo la orquestación, algo que eso era muy típico en la música francesa y en Ravel», para seguir creciendo «cogiendo trayectoria y ganando peso como suite sinfónica». 

pieza maravillosa. El último movimiento, el titulado El jardín encantado, «es una de las piezas más maravillosas que se han escrito para orquesta», una obra que López-Antón comentó que «creo recordar que la hicimos con la Orquesta Sinfónica de Ávila en uno de mis primeros conciertos, en 2015, y la verdad es que gustó mucho al público».

Al hilo de su acercamiento a esta obra, comentó el conferenciante que «es posible que a Ravel se le haya comido su Bolero, igual que a Vivaldi las Cuatro estaciones y a Beethoven la Novena sinfonía», reducción del conocimiento de una gran trayectoria a poco más que una de sus obras «que es algo bueno y malo a la vez; bueno porque todo el mundo te conoce, y malo porque te conocen por una obra que a lo mejor no te representa bien, que es algo que se da en Ravel porque no le gustaba nada su Bolero, decía que era un ejercicio de orquestación y ya está, que cumplió esa función».

El Bolero, apuntó, «tiene cosas muy interesantes y es muy complicado de dirigir en directo, por graduar la tensión entre todos los solos de los instrumentos y demás, pero Ravel no se sentía identificado con esto. En su producción tenemos otras grandes obras como Daphnis y Chloé, La hora española o sus conciertos para piano, pero es verdad que se le ha comido este gran éxito de la música clásica».

En parte por eso, la conferencia de ayer tuvo también el objetivo de acercarse a Ravel «más allá de su célebre Bolero, descubrir un poco el resto de su producción, ir conociendo esa idiosincrasia típicamente francesa que es maravillosa y conecta mucho con nuestra música, por ejemplo con Turina y con Falla; de hecho, Ravel era del país vasco-francés y él se inspira mucho en la música española, es parte un poco de nuestra cultura».