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«La política se ha subordinado a la economía"

D. Casillas
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Gaspar Llamazares, coordinador general de Izquierda Unida entre los años 2000 y 2008 (sustituyó a Julio Anguita), presentó ayer en Ávila el libro 'Del sueño democrático a la pesadilla populista', un análisis sobre los peligros que corre la

Protagonista durante muchos años en la primera línea de la política española en las filas de Izquierda Unida, para centrar luego su actividad en la comunidad de Asturias, Gaspar Llamazares presentó ayer en Ávila, en Librería Letras, su cuarto libro sobre análisis de la política actual, Del sueño democrático a la pesadilla populista, un trabajo de reflexión desde su autorizada visión de ese campo en el que alerta sobre los peligros de una regresión democrática a la que es posible poner freno.

¿Qué ha querido transmitir con este libro de pesimista título?

Este libro es el último de una trilogía, que llega después de La izquierda herida y Pandemonium, y en él lo que intento analizar son las consecuencias de la estrategia populista que hoy podemos decir que no es solamente una estrategia para el acceso al poder, sino que se ha convertido en casi una subcultura en relación a la cultura democrática, y también abordo los daños que ha podido provocar esa subcultura populista.

¿Ese cambio es una evolución casual o natural, o por contra viene de alguna viene provocado desde algunos sitios interesados?

Yo creo que en estos momentos la subcultura populista tiene un carácter casi unívoco, ya es la subcultura nacional populista, muy conservadora, muy cercana a la representación de lo que en otros tiempos fue el neofascismo o la ultraderecha. Esa es la realidad del populismo de hoy, que lo estamos viendo en los Estados Unidos y también en otros países como Italia y Suecia, y más recientemente y más cerca también en alguna comunidad autónoma española, como Castilla y León.

¿A que responde esa involución, a falta de información, a sentimiento acrítico, a ignorancia o a muchos factores unidos?

En mi opinión esa vuelta atrás se debe a la unión de varios factores. En primer lugar deberíamos decir que responde a las consecuencias de sucesivas crisis económicas, que pagan los de abajo y que han provocado el desplome de las clases medias; ese, creo, es el factor digamos estructural, pero luego se suma a él una debilidad de la política para enfrentar esos problemas, porque la política se ha visto ante una situación nueva.

Antes la política estaba muy vinculada al Estado, a las comunidades autónomas, los municipios, pero ahora se ve especialmente impotente cuando nos encontramos ante una economía globalizada. De alguna manera la política se ha subordinado a la economía, y eso ha creado una crisis de credibilidad en la política.

¿Hay algo más?

Sí, en mi opinión, como tercer factor, también está influyendo la nueva cultura digital; la cultura durante la época llamémosla analógica tenía unos proyectos, programas y/o explicaciones vinculadas a las clases sociales, pero ahora solamente hay relatos breves, como mucho pequeños cuentos, que van en blanco y negro, en 0-1 como la cultura digital. Y eso también afecta a la forma de enfrentarse a la política, porque significa desprecio a la política y pérdida de oportunidades, y también, en último lugar, la simplificación de problemas complejos.

Yo creo que ese conjunto de factores es el que ha permitido que de alguna manera se anteponga la subcultura populista a la cultura democrática.

¿Ese cambio es peligroso para la democracia?

En mi opinión sí, es muy peligroso, y lo estamos viendo y sufriendo en esta época porque a veces no solamente afecta en términos generales a la política o a los partidos, y no todo el mundo lo ve como algo lejano, sino que afecta negativamente a la instituciones democráticas. El Parlamento ya no es el mismo, digamos que se ha llevado al máximo nivel la teatralidad del Parlamento y al mínimo nivel su carácter dialogante, de tomar acuerdos, que es su verdadera naturaleza.

Y desde el punto de vista de otras instituciones, asistimos a un descrédito de las mismas porque se ha introducido ahí también la polarización política; por ejemplo en la Justicia o incluso, más allá de las instituciones, en los propios medios de comunicación, que ejercen de correa de transmisión inversa no ya de partidos políticos políticos sino de cosmovisiones o de visiones del conjunto de la sociedad. Y yo creo que eso es lo que, de alguna manera, está provocando esa subcultura populista que intento analizar en el libro.

Y siendo tan peligrosa esa sustitución de la democracia por el populismo y teniendo claro cuál es el problema, ¿es fácil revertirlo o es algo que no tiene vuelta atrás?

Yo creo que ese problema se puede revertir, de hecho yo intento una labor taxonómica de ir clasificando dónde están los problemas, porque creo que cada uno de nosotros, en los distintos ámbitos en los que estamos, tenemos la posibilidad de revertirlo. La tienen los ciudadanos con su participación social y con su voto, porque no es lo mismo votar en el sentido democrático que como consecuencia de la polarización populista; también la tienen los parlamentarios para ejercer su labor de una forma o de otra, ejercer mediante el insulto o mediante el diálogo y la negociación; y la tienen los juristas y los periodistas en los medios de comunicación.

En general digamos que todo depende de nosotros, por una parte que ese ciclo populista continúe o termine y por otra que el ciclo populista pueda ser fatal para la democracia, y es ahí donde creo que mi libro intenta moverse. No tengo recetas, tampoco las planteo, pero sí creo que hay responsabilidades en cada uno de nosotros. 

¿Y es optimista al respecto o cree que la dejadez va a ser mayor que el empeño de luchar contra esa situación?

Soy optimista. Nadie esperaba que pasara en Estados Unidos lo que ha pasado, donde parecía que iba a haber un vendaval del trumpismo y sin embargo no se ha producido, y quizás los candidatos trumpistas han salido peor que otros. Cuando uno llega a un límite, como llegó en Estados Unidos el populismo cuando estuvo al límite del golpe de estado, provoca una reacción, y yo tengo esperanza de que sea una reacción de reafirmación democrática, de reafirmación en el pluralismo, en la capacidad de diálogo, en la negociación. Creo que es por ahí por donde las sociedades han progresado y estoy convencido de que es por donde tienen que ir las cosas.