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Pepillo fue «un referente de la ciudad de Ávila»

D.C
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Jesús María Sanchidrián resumió y destacó la importancia que para la ciudad tuvo ese café situado en el Grande entre los años 1873 y 1981, en una conferencia-coloquio en la que participaron protagonistas directos de aquel establecimiento

Pepillo fue «un referente de la ciudad de Ávila» - Foto: Isabel García

Se cumplían este lunes los 40 años exactos del cierre de uno de los establecimientos hosteleros más influyentes y con más personalidad de cuantos han funcionado en Ávila, aquel Pepillo de todos conocido y por todos visitado que abrió sus puertas en el Mercado Grande, en lo que luego fuera la sede central de Caja de Ávila, durante más de un siglo de forma ininterrumpida, concretamente desde el año 1873 hasta el 1981.

Para recordar no tanto ese aniversario como la relevancia que Pepillo tuvo para la ciudad, la Asociación de Vecinos Puerta del Alcázar organizó precisamente en esa fecha, con la colaboración de la Asociación de Amigos del Museo de Ávila, el propio Museo y la Fundación Ávila, una conferencia coloquio en la que Jesús María Sanchidrián, cronista oficial de Ávila, presidente de la Asociación de Amigos del Museo y posiblemente quien más sepa de Pepillo por las investigaciones que sobre él ha realizado, profundizó en ese largo siglo de historia de lo que empezó llamándose 'Café de la Amistad' para adoptar de inmediato el apoyo de su dueño, y en la que también participaron herederos de los dueños del desaparecido café y alguno de sus empleados.

Destacó Sanchidrián en su discurso, muy bien auxiliado por la proyección de imágenes, que «el café Pepillo fue uno de los establecimientos hosteleros más emblemáticos de Ávila durante el siglo XX», y que su «mantenimiento a través de varias generaciones y su ubicación privilegiada en el Mercado Grande, junto a la iglesia de San Pedro, hicieron de él un referente de la ciudad».

Recordó el ponente que el café fue fundado en el año 1873 por José Álvarez Portal, conocido popularmente como 'Pepillo', con el nombre oficial de Café de La Amistad, aunque desde el primer momento pasó a ser conocido en la ciudad por el apodo de su responsable, 'Pepillo'. En 1928 cambió de dueños, haciéndose cargo del local Joaquín Trullén, Pedro Alcover y Constancio González, pero el nombre no se modificó porque ya tenía tanta personalidad que había que mantenerle.

Para poner de relieve la enorme «relevancia social, cultural y espiritual» que tuvo en la sociedad este café más que centenario, contó Sanchidrián que «por su barra, mesas y salones pasaron muchísimas generaciones de abulenses y se conformaron numerosísimas tertulias», además de que fue lugar de visita de «un importante elenco de personajes ilustres, todos aquellos que bajo cualquier circunstancia pasaban por la ciudad: políticos, escritores, cantantes, actores, etc», y supo ser «republicano, liberal o conservador, acorde a los tiempos que se vivían». Pero es que además de conseguir ser un centro de interés más allá de las fronteras de la ciudad, añadió, supo ser un adelantado a su tiempo en varios aspectos, y por ejemplo «además de dar comidas, cenas, atender a recepciones oficiales y acoger celebraciones de bodas y otros eventos sociales, supo hacer catering cuando aún no se sabía lo que era eso».

decadencia en los 70. Todo ese esplendor fue poco a poco perdiéndose, y a comienzos de los años 70 ya era evidente «la decadencia en el Pepillo», una pérdida de vida que llegó a su fin cuando el 22 de noviembre de 1981 el establecimiento tuvo que cerrar «como consecuencia de la venta y demolición del inmueble en el que se encontraba ubicado, lo que supuso un golpe a la vida social de la ciudad». Aunque se llevó a cabo incluso una campaña de firma para evitar su cierre, la demolición del edificio se produjo finalmente en el año 1984. 

La conferencia de ayer tuvo como antecedente otra que con el mismo fin ofreció también Jesús María Sanchidrián el pasado 8 de julio en el Museo de Ávila, aprovechando que se presentaba allí, como Pieza de verano, uno de los carteles publicitarios del famoso Café Pepillo, representativo de una época que resumía más de cien años de historia de la ciudad, el cual se exhibe en el almacén visitable de Santo Tomé el Viejo. 

Dadas las limitaciones de aforo establecidas entonces, por las que no pudo compartirse dicho evento con el gran público como hubiera sido deseable, a los organizadores del acto de ayer les pareció  oportuno acometer de nuevo una actividad conmemorativa de aquel Café que fue símbolo de la vida social y cultural de Ávila, con algunas novedades en el discurso narrativo y visual, entre ellas unos fotogramas de la película Las estrellas están verdes, protagonizada por Alfredo Landa y rodada en Ávila en el año 1972, en los cuales se ve el café Pepillo en aquellos momentos, cuando ya no vivía sus mejores momentos.

testigos en el museo. En el Museo de Ávila se guardan algunos objetos que recuerdan y testimonian lo que fue aquel café y hoy son muestra del patrimonio industrial de la ciudad. Buen ejemplo de ello es el tostador de café que durante décadas esparcía su aroma por toda la plaza, donado en 1998 por Orencio Trullén Sánchez y sus hermanos. 

También se exhibe en el Museo, en este caso en el Almacén Visitable de Santo Tomé, un antiguo cartel publicitario de carretera de grandes dimensiones, donado por Elena Martín Trullén, sobrina nieta de Orencio, que estuvo situado a las afueras de la ciudad y que servía «para recibir a los visitantes anunciándoles ya, junto con el Café, uno de los iconos culturales de la ciudad: sus murallas».