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Ricardo Guerra Sancho

Desde mi torre mudéjar

Ricardo Guerra Sancho


Bailarinas con cara de porcelana

06/04/2022

Estos días en que están llegando gentes refugiados de Ucrania por esa terrible guerra, todas las guerras son terribles, también en nuestra tierra se les está recibiendo con los brazos abiertos, a veces en una caravana de rescate arriesgada y atrevida, me ha venido a la memoria una historia intrascendente, pero que la tengo grabada entre mis vivencias, y sin querer las relaciono con estas gentes ucranianas.
Ya hace años, cuando nuestra tan querida obra social de la Caja de Ávila, nuestra caja, que durante tanto tiempo alimentó nuestra vida cultural con infinidad de actos, en todas las fechas del año y de todo tipo. Aquellos inolvidables de la sala de la Calle Canales, exposiciones, conferencias, presentaciones de libros, actos sociales, las jornadas taurinas, etc. 
Como después lo fueron otros, a otro nivel, en aquella iglesia de San Martín recién restaurada por la Fundación de Patrimonio de Castilla y León, de añorado recuerdo. Tas la gran obra de estudio y restauración aquella iglesia arevalense que fue parroquia hasta 1911, hasta el conocido como «arreglo parroquial» que, de ocho parroquias supervivientes del Arévalo antiguo, quedaron en solo dos. Tiempo después se convirtió en un verdadero templo de la cultura, en el centro de la cultura de la ciudad, en su más amplio aspecto, y también para eventos sociales de primer orden.
Pues una de las cosas «que nos traía la Caja» eran aquellos bailes rusos, tan espectaculares, que luego sin cambiar la denominación se convirtieron en bailes ucranianos, espectaculares y llenos de colorido, que hacían las delicias de nuestras gentes en esa cita anual, durante bastantes años. Un cambio que más que de nacionalidad, lo veíamos como diferentes variantes regionales.
En el verano se montaba aquel escenario en la Plaza del Real y ya se anunciaba la actuación. Era una actividad cultural extensa y participativa, llegaba cada día del mes a una ciudad o pueblo de nuestra provincia y hacía las delicias de un público variopinto y fiel.
Unos bailes muy espectaculares con atuendos tradicionales de aquellas tierras y muy coloristas como son todos los del este. Unos bailes frenéticos y característicos que eran muy valorados y aplaudidos, esos bailes de gran dificultad que eran verdaderas acrobacias, realizados por jóvenes fornidos, verdaderos atletas, y ellas también, pero tenían otro papel en aquellos conjuntos de escenografía. Muchas veces comentábamos la belleza física de aquellas gentes del este, ese color rubio y tez muy clara que caracterizaba a la mayoría. Y esas «caras de porcelana» igualadas por el vistoso maquillaje que tanto nos llamaban la atención. Como «matrioshkas», parecían todas iguales… Treinta días de estancia en nuestra provincia, y treinta actuaciones, era el balance de su estancia, y todos encantados.
Pero también recuerdo aquellos vinos españoles con abundantes viandas que hacían de cena antes de partir para Ávila, hacer noche y descansar para la actuación correspondiente al día siguiente y hacer algo de turismo. Y como anécdota que hoy nos parecerá quizás una exageración, cuando algún miembro de esos grupos de baile, chico o chica tenía que ir al servicio, estaba el comisario de turno que acompañaba a aquellos jóvenes con una rigidez extrema, era común por aquella época y a nosotros nos llamaba mucho la atención. Poco antes de dejar de venir, con esas costumbres algo relajadas, algunos de esos jóvenes bailarines se «escaqueaban» y no regresaban con el grupo. Cosas de aquella época… 
Y al hilo de esta recién estrenada primavera, que parece el invierno, grandes lluvias, por la sierra y por el sur, que por el llano norte no han sido así. Y los hielos y nevadas copiosas como las más invernales, nieve y aguas abundantes, el componente de un rápido deshielo y así, los ríos creciditos. El Adaja, nuestro río del norte de la provincia, da gloria verle. Como que ha llenado Las Cogotas, que están desahogando con abundancia, porque se esperan más, y ya está la presa prácticamente llena. Pero mucho mayor es el de El Burguillo, estaba mucho más bajo y ha subido impresionantemente. Que buena noticia, porque el remanente de agua era más bien pequeño para afrontar el próximo verano y así nos ha dejado más tranquilos… Como dice un amigo mío: La primavera ha venido y nadie sabe dónde ha ido…