Frente al jurado (y la pantalla)

M.M.G.
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El sacerdote más joven de la diócesis, Antonio Jiménez, defendió con éxito desde su casa de Muñogalindo la tesis doctoral que debería haber presentado en Roma de no ser por culpa de la pandemia

Frente al jurado (y la pantalla)

Muchos son los proyectos que la pandemia se llevó por delante. Otros, en cambio, sólo cambiaron el rumbo y pudieron llegar, pese a todo, a buen puerto. Hoy les hablamos de uno de estos, el que hace tres años comenzó Antonio Jiménez, el sacerdote más joven de la diócesis, y que finalmente tuvo su broche de oro hace apenas unos días. Bien es cierto que ese final feliz debería haber sido en Roma. Pero Muñogalindo, donde concluyó su aventura, tampoco es mal lugar para ello. Se lo contamos.
Antonio comenzó hace tres años su doctorado en Teología del Matrimonio y la Familia en Roma. Desde sus primeros pasos en la Ciudad Eterna, siempre tuvo en mente la culminación de los mismos: la lectura de la tesis ante un tribunal.
Por aquel tiempo jamás pudo imaginar que una crisis sanitaria como nunca antes se había visto el último siglo haría peligrar sueño. «El Italia empezaron a cerrar escuelas y universidades el 7 de marzo», comienza su relato Antonio, que afortunadamente había podido entregar la tesis el 26 de febrero.
Como tantos otros, abandonó Roma a tiempo. Pero lo hizo sin saber que la situación «iba a ser tan grave como lo fue y lo está siendo» y, por supuesto, sin tener ni idea de que se iba a prolongar tanto en el tiempo.
Volvió a su casa, a Muñogalindo. Y desde allí empezó a tratar de averiguar cómo podría resolverse todo. «Al principio tenía mucho incertidumbre porque no se estaba seguro de que las tesis se pudieran defender de manera telemática», confiesa.
«Pregunté en el Instituto Juan Pablo II para las ciencias del Matrimonio y la Familia», entidad en la que debía llevarse a cabo y en la que, en principio, no le dieron respuesta. «Y yo quería cerrar ese capítulo para poder comenzar el curso que viene en Ávila», continúa hablando sobre un nuevo año que, en su caso, llega cargado de nuevos proyectos (no en vano, en septiembre Antonio se estrenará como párroco de El Barraco, seguirá como director del Secretariado de Familia y Vida, así como responsable en la pastoral de los colegios.
Finalmente le comunicaron que los rectores y directores de universidades habían decidido aceptar las defensas telemáticas. Y le marcaron una fecha: el 1 de julio.
Con muchos nervios (más relacionados con posibles problemas de conexión que con la presencia de los jueces al otro lado de la pantalla), Antonio sacó adelante su trabajo: unos estudios que si tuviera que resumir en una palabra lo haría con ‘relación’. «Hablan de cómo las personas estamos llamadas a realizarnos por medio de las relaciones, en concreto, con las familiares», resume de manera sencilla el trabajo de tres años.
En sus palabras, Antonio tiene un recuerdo especial para Jesús García Burillo, antiguo obispo de Ávila, que fue el que le dio el empujón para marchar a Roma a estudiar. Y también para José María Gil Tamayo, actual prelado abulense, que le permitió continuar con los estudios. «He recibido siempre el apoyo de los dos», dice emocionado.
Como también lo recibió, en este caso de manera muy directa, de sus padres, presentes en casa el día de la lectura. «Ellos representaron a toda aquella gente que me hubiera gustado que me acompañara ese día», dice este recién estrenado doctor enTeología, del que nos despedimos dándole la enhorabuena y hablando del año que viene. «Se presenta muy movido y con incertidumbre, pero iremos poco a poco y siendo prudentes», nos despide.