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Luis Miguel de Dios

TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


3.000

26/04/2022

Cuentan las crónicas que el pasado 23 de abril estuvimos unos 3.000 en Villalar. Hablan, claro, de asistentes. Yo los llamaría héroes. Jamás desde 1976, año en el que el pueblo comunero adquirió un protagonismo especial en la pelea por la autonomía de Castilla y León, hizo un día tan desapacible, tan inhóspito, tan cruel. Ni siquiera llovió. Sólo frío, aire gélido, ventarrón de vez en cuando. La gente paseaba de las eras (me resisto a escribir campa) al monolito embozada, engurruñada, como trasladada a enero. Únicamente los niños, bastantes, por cierto, parecían ajenos a las tiritonas de los mayores. Y yo, entre charco y charco dejados por los aguaceros del viernes, me preguntaba una vez más qué tiene el Día de Villalar para ejercer semejante tirón, qué lleva a miles de personas a desafiar todo lo desafiable para estar allí. Por Villalar no se pasa. A Villalar hay que ir adrede, por ganas, por convicción, por sentimiento, por corazón, por lo que sea, pero se va. Y se va poniendo dinero (gasolina, comida, otros gastos) y conduciendo durante kilómetros. Y se va cuando el tiempo aconseja todo lo contrario. Y se ha ido cuando hubo prohibiciones, mala prensa, boicot desde la Junta, declaraciones contra la concentración popular («a Villalar sólo se va a dar gritos; reivindicar es otra cosa», dijo don Josemari Aznar en la época en la que, desde aquí, reivindicaba mucho…pero para sí mismo). Pero ni aun así, con esa supuesta creencia, fue capaz de anular la declaración oficial del 23 de abril como fiesta y Día de Castilla y León. Lo podía haber hecho, gobernaba. No lo hizo. ¿Por qué? Porque entendió enseguida, como lo ha acabado entendiendo la derecha menos cerril, que sin la simbología de Villalar todo habría sido todavía más complicado en la dura y difícil ruta hacia la autonomía. Y ahora que parecen recrudecerse ciertas divisiones estériles, Villalar vuelva a erigirse como bastión y guía de un sentimiento que, venciendo guerras y guerrillas desatadas contra él, sigue enhiesto, permanente y mirando, al menos con ilusión y esperanza, al futuro. Y por eso, pese a todo, estuvimos 3.000 en el pueblo comunero. Y por eso continuaremos yendo.