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Mucho Sabina... y más

D. Casillas
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Los Sabineros ofrecieron un estupendo concierto tributo al trovador de Úbeda, con mucho humor, en el que respetando los temas originales supieron dotarles de nuevos matices

Mucho Sabina... y más

Los Sabineros volvieron a actuar en Ávila el pasado sábado, en esa «casa original» suya que manifestaron que es el Café del Adarve, para demostrar una vez más que son unos maestros en homenajear a Joaquín Sabina y en celebrar la grandeza de sus canciones –lirismo puro trufado de sabiduría vital, ironía, denuncia, desahogo, desencanto y otros muchos sentimientos aparentemente contradictorios pero que tras pasar por su pluma se desvelan coherentes, ya que el incoherente es en realidad el ser humano en el que esas sensibilidades anidan por turnos–, a través de una recreación musical de altura ética y musical en la que saben respetar el original al mismo tiempo que dotarle de nuevos matices, y todo ello con un estupendo humor.

Flaco Rodríguez impostando la voz para romperla como la tiene Sabina y haciendo de maestro de ceremonias; Mario Ojeda con esa guitarra que parecen muchas guitarras y muy buenas, y aportando sus divertidas intromisiones y sus 'scats' para dar una nueva perspectiva a cada tema; y Fernando Ramos también magnífico a la percusión, se bastaron y sobraron –como si fuesen muchos más sobre las tablas– para componer un concierto estupendo y muy 'sabinero' al mismo tiempo que muy de ellos, un recital en el que hicieron 'cata y cala' en toda la larga trayectoria del trovador de Úbeda, trufado todo ello con un constante humor que al público, que llenó el aforo de la sala, le provocó constantes sonrisas y risas.

Arrancó el espectáculo con la interpretación de Peces de ciudad y continuó luego, con el público entregado desde el principio porque la cita lo merecía, con otros temas como Que se llama Soledad, Cuando aprieta el frío y Cuando era más joven, siempre con agradecidos paréntesis de improvisación divertida entre un tema y otro, espacios para la relajación en los que se percibió la enorme complicidad entre un Ojeda y un Rodríguez que seguramente sean en realidad compinches, aunque eso tendrá que decirlo el juez.

Y llegó entonces la 'sorpresa', que no lo es tanto para quienes les siguen, de que Los Sabineros no solamente cantan a Sabina, sino que su celebración de la buena música va más allá del que ahora 'lo niega todo, los polvos y los lodos' y alcanzó también a Serrat (sonó bien en la voz rasposa del Flaco Rodríguez tanto en Esas pequeñas cosas como en Mediterráneo)... y un poco más adelante también a José Luis Perales (Un velero llamado libertad) y a Nino Bravo (Un beso y una flor).

Pero era Joaquín Sabina el principal objeto de ese concierto homenaje, y de él fueron ofreciendo Los Sabineros, a veces reinventándolos con arte, otros temas como Y si amanece por fin (dedicado a Pancho Varona), La canción más hermosa del mundo (que dijeron que llevaban cuatro años sin cantarla) y Así estoy yo sin ti.

Hicieron un descanso, breve como prometieron, y tras él regalaron al respetable los temas Contigo (en cuya letra cambiaron un verso para hacer un guiño a Ávila), A mis cuarenta y diez (con una estupenda improvisación), Eva tomando el sol para saltando desde ella al Knocking on heaven's door de Dylan por encontrar un cierto paralelismo rítmico entre ambas llegar a ¿Quién me ha robado el mes de abril?, subir al cielo del blues con Me plantó la princesita azul, bajar al purgatorio del bolero con Lágrimas negras... y hacer una recta final tan magnífica como el resto del recital con Y sin embargo, 19 y 500 noches, Noche de bodas, Y nos dieron las diez, La del pirata cojo y, finalmente, Pacto entre caballeros.

El público quería más, no es de extrañar, y Los Sabineros estaban dispuestos a darlo, pero tocaba acabar y hubo que hacerlo. Y el respetable se quedó con esas ganas de más y con el excelente sabor de boca de un concierto estupendo por su calidad y su concepto, cercano y respetuoso con el homenajeado, pero sabiendo aportar algo más al original con un buen hacer tanto vocal como instrumental y lírico