Un buen contador de historias

Charo Barrios
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El escritor catalán Jordi Solé publica 'El tigre y la duquesa', una novela negra que arranca con el hallazgo del cuerpo de una bella joven

El autor se siente muy cómodo en diferentes géneros.

Jordi Solé publica en castellano y catalán simultáneamente El tigre y la duquesa (HarperCollins Ibérica). No es demasiado frecuente que autores catalanes vean sus obras traducidas al castellano; y solo en algunos casos salen las dos versiones a la vez. Solé lleva ya unos cuantos libros a cuestas, algunos escritos originalmente en castellano como las novelas históricas Hijo de dioses o La isla de las brumas
Autor de género, sin complejos, no tiene inconveniente en afirmar que escribe siempre con el lector en mente y asumiendo como propio el lema de Alfred Hitchcock, que afirmaba los primeros nueve mandamientos de los 10 que él obedecía eran: «No aburrirás a tu audiencia». Con esta premisa, el sabadellense se encuentra cómodo en diversos registros y épocas, como demuestra el hecho de que haya escrito con idéntica soltura argumentos ambientados en la época de Julio César, la Guerra Civil Española o la Barcelona de nuestros días. «Lo esencial es contar una buena historia. Presentar personajes potentes, creíbles. No dejar nunca indiferente al lector. Emocionarlo, engañarlo, asustarlo… La época en la que suceda es algo secundario».
No obstante, admite que el género negro es especial. Por eso cuenta con tantos seguidores. «Supongo que una de las claves es que, como decía Alfonso Paso, Usted puede ser un asesino. Es decir, que, aunque el mundo del crimen nos parezca algo muy lejano, en realidad está ahí mismo, a la vuelta de la esquina. Y, en un momento dado, todos podemos convertirnos en víctimas o verdugos. En cambio, uno no puede ser general en una batalla contra los galos o rey de Castilla, enfrentado a los moros. Sí, la novela negra nos pilla mucho más cerca».
En El tigre y la duquesa esa cercanía se explora desde el primer instante. Empieza con el hallazgo del cuerpo de una hermosa joven en una plaza del barrio gótico barcelonés. Sentada en un banco, con un trolley a su lado y una enigmática sonrisa en los labios, el caso representa todo un reto para el que intente resolverlo. La suerte (o el marrón, según se mire) recae en Elsa Giralt, policía, más que nada porque el fiambre aparece a la puerta de su casa y ella es la primera en llegar al lugar del crimen. La agente no pasa precisamente por un buen momento. Después de ser una de las primeras de su promoción y la niña de los ojos de su superior en el Cuerpo, la suerte parece haberle dado la espalda. En poco tiempo su marido la ha dejado por su mejor amiga (ambos policías, como ella) y ahora esperan un bebé. Y, para colmo de males, su compañero, Nico, languidece tetrapléjico en una cama de hospital tras ser alcanzado por una bala en un tiroteo en el que Elsa cree que pudo haber hecho algo más. Por eso busca el perdón o el olvido en el fondo de una botella. La aparición del cadáver de Vicky en su misma puerta parece ser la última posibilidad que le ofrece el destino de volver a la senda correcta. Y por ello se entrega en cuerpo y alma a lo que inicialmente cree que es otro claro caso de violencia machista. 

Pink Panthers 

Pero, avanzada la investigación, descubre que su víctima estaba liada con un miembro de los Pink Panthers buscado en medio planeta, y la cosa toma otro cariz. Es entonces cuando aparece Harry Cranston, detective de compañía de seguros del que Elsa sospecha que solo quiere recuperar las joyas, no encontrar al asesino. 
Alrededor de las dos mujeres, víctima e investigadora, se despliega un mundo de intrigas y pasiones con Barcelona como telón de fondo: una ciudad de hoy, con sus miserias y sus grandezas, en la que las líneas entre lo bueno y lo malo se difuminan más rápido de lo que el ojo puede captar.
Hemos citado a los Pink Panthers, una famosa y temible banda criminal. Formada en su mayoría por antiguos militares o milicianos, veteranos de la Guerra de los Balcanes, los panthers se dedican desde hace más de una década al robo de joyas a gran escala y sus éxitos han sido tan espectaculares que la Interpol llegó a crear un grupo formado por agentes de más de 20 países, ?el Pink Panther Project,? cuyo único objetivo era pararles. ¿Exageración? De eso nada: un solo hombre entró en una feria en Cannes y se llevó ¡100 millones de euros en joyas! 
Paradójicamente, sus gestas causan pasmo y hasta reconocimiento, logran imposibles, como entrar a tiros en una cárcel suiza y sacar a uno de sus compañeros presos, sin matar ni herir a nadie. Y la violencia que despliegan nunca es contra las personas y sus trabajos jamás se alargan más de dos minutos.
¿Entienden ahora por qué resultaban unos protagonistas tan atractivos? Cosas distintas son lo que piense de ellos Elsa Giralt, y la justicia debida a Vicky.