«Dejé una oportunidad laboral por estar con mi padre"

I.Camarero Jiménez
-

Emilio Sánchez lleva dos años en Cruz Roja trabajando en mejorar la formación y empleabilidad de los más vulnerables, ahora participa además del programa 'Responde', un empleo que compagina con su gran afición, el teatro, al que da rienda suelta en J

«Dejé una oportunidad laboral por estar con mi padre"

LA historia de Emilio Sánchez Álvarez (Ávila, 1975) es un tanto la de muchos españoles, un saber caer y un querer levantarse. Se puede decir que ahora, a pesar de la situación en la que estamos sumidos de confinamiento y en muchos casos de soledad, sabe que la vida le sonríe. Tiene un trabajo, vive en el sitio que quiere, sabiéndose querido por quienes realmente le importan y dando rienda suelta a su gran afición.
Pero vamos por partes. Ese trabajo que tanto le llena no es otro que el de técnico de empleo en Cruz Roja, esto es, forma y echa una mano a esa población vulnerable que no tiene trabajo y que además ya tiene una edad en la que empieza a ser difícil para salir de las listas del paro, no en vano el programa en el que Sánchez desarrolla su actividad es ‘Desafío empleo +45’ (años, lógicamente). 
Él roza ya esa edad y sabe también lo que es estar en el paro. Así que, lo que enseña y a lo que se enfrenta, lo conoce de antemano. La vida le dio la oportunidad y la ha aprovechado. Entró en esta ONG que, ahora si cabe (con la crisis sanitaria), ha demostrado aún más su importancia echando una mano a los que más lo necesitan. De hecho Emilio por un lado trabaja en ese programa de empleo pero también integra ese batallón de ayuda del programa Cruz Roja Responde que facilita que la gente más vulnerable y a la que más afecta la crisis cuente en su casa con esos productos de primera necesidad que las gentes de la ONG les acercan.
Sánchez sabe que esta faceta de su trabajo, como la otra, es «sumamente importante». Y es que un trabajo, todos lo sabemos y más ahora que tantos están en peligro, es fundamental en la vida. No se trata de vivir para trabajar sino trabajar para vivir y ese vivir es lo que ahora más nos importa a todos, salir adelante nosotros y nuestras familias.
Se siente especialmente satisfecho de que «algunos de los  participantes en el programa de empleo logren el objetivo final. No son todos, pero algunos logran un puesto». Lógicamente «es población vulnerable» y para ellos quedan esos puestos de trabajo de limpiadores, auxiliares de cocina, gericultores... Pero si algo ha demostrado esta crisis y así lo pone de manifiesto Emilio es que «estos trabajos, a la hora de la verdad, son tan importantes como cualquier otro, si no más». 
La satisfacción en esta faceta de Sánchez es clara porque además «la gente se acuerda de tí, te llama, te cuenta sus avances o si tiene entrevistas...». En ella está inmerso desde el año 2018, pero antes tuvo lógicamente otras funciones. De hecho la primera vez que llegó a Cruz Roja fue en 2015 lo hizo para seis meses a los que luego siguieron otros seis (en 2016) y entonces su cometido era participar en programas de mayores, primero en Arévalo a media jornada y luego en Ávila y en Arévalo, ya a jornada completa (para entrar era necesario ser perceptor de la Renta Básica de Ciudadanía). Ese estar al lado de los ciudadanos de más edad también le marcó y para bien. Además llegó la oportunidad en un momento crucial pues había estado entre 2011 y 2015 en el paro y su primer contacto con Cruz Roja sirvió para que conocieran su trabajo, que después ya hemos visto que ha ido a más como técnico.
Pero antes de ser técnico de empleo tuvo la ocasión de ejercer también como dinamizador en el Ayuntamiento de La Colilla (2011). Mucho antes lo hizo con varios proyectos en su pueblo, en Mingorría. Allí trabajó en Nuevos Yacimientos de Empleo y Nuevas Tecnologías. 
La crisis le dejó en la estacada, pero supo salir adelante. Era un bache más y al fin y al cabo estaba en su pueblo. Un pueblo al que nunca ha dado la espalda, porque su proyecto de vida está allí en el lugar en el que creció, en el que estudió hasta quinto de EGB (lo que hoy sería Primaria) y en donde creció su afición al teatro, de la que también charlamos con él. En parte es lógica su devoción, pues Mingorría siempre ha sentido amor por la interpretación, no en vano cuenta con uno de los certámenes  de teatro infantil más longevos por supuesto de la provincia.
Allí se inició Emilio en el teatro, recuerda que fue «con los talleres  que subvencionaba la Diputación de Ávila y que impartió durante varios veranos José Antonio Capelo». Fueron los primeros pasos en la interpretación. En cierto modo quedaron aparcados porque tras estudiar en Mingorría, se trasladó al colegio El Pradillo, como todos, para cursar de sexto a octavo de EGB. 
Acabó su formación en Santander, tierra a la que, como muchos castellanos, se siente enormemente apegado, entre otras cosas porque allí está parte de su familia. Acabó la carrera e hizo lo que realmente quería hacer volver con su padre y de lo que ahora, echando la vista atrás, se enorgullece enormemente.«Dejé la oportunidad laboral que tenía en la capital cántabra de montar una academia con otro compañero y volví con mi padre» a Mingorría. Era su deseo porque si por algo cree que se define es «porque siempre me ha tirado mucho la familia». Juntos estuvieron hasta 2007, en abril perdió a su padre, (mucho antes había fallecido su madre), pero entonces el teatro volvió a su vida. Surgió la oportunidad de colaborar con Jufran y sin saberlo se convirtió en su tabla de salvación porque no tiene reparos en reconocer que «me hundí, estaba en un pozo y yo creo que me salvó».
El grupo de teatro «necesitaba gente para dar forma a La Ronda de las Leyendas. Entonces yo sólo tenía que decir dos frases y encima me equivoqué». Pero ¡oh sorpresa! le volvieron a llamar, a él y a un amigo de Mingorría, a Luis Alberto Pindado.  Iniciaban otro gran viaje que comenzaba tan sólo unos meses después de perder a su gran referente y desde entonces (noviembre de 2007) ha sido un no parar de actuaciones.  Le preguntamos si  hay una que recuerda especialmente y de la que siente más orgullo y no duda: «Las visitas teatralizadas a la Muralla porque han sido nada menos que siete años en este proyecto, 125 representaciones y todas con lleno de público», así que, como para no recordarlo.
La crisis sanitaria ha impedido que continúen con los ensayos en Jufran, pero promete que volverán y lo están deseando. Ahora bien en lo que ese gran momento llega y mientras no trabaja en Cruz Roja, se relaja en su día a adía. ¿Dónde? Cómo no, en su pueblo de referencia, en el sitio de su recreo: Mingorría, y con su fiel escudero, Artzai (pastor en euskera), un precioso, enorme y bondadoso pastor alemán que se instaló en su vida hace cuatro años y con el que pasea (ahora lo poco que puede por el confinamiento) por alguno de los lugares y rincones del municipio. 
Allí creció, vivió y allí quiere quedarse, es feliz porque le da la calma y le mantiene cerca de sus amigos, así que la conclusión es clara: «Yo de aquí no me voy, esta tranquilidad no la cambio por nada. Decidí volver por mi padre y ya no lo cambio». Y a esto añadimos que a nuestro modo de entender, sólo la gente que tiene la suerte de tener pueblo, sabe a qué se refiere Emilio.
Tener pueblo es una suerte sin lugar a dudas.

 

¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza sobre Ávila? 
La tranquilidad de una ciudad muy acogedora. Realmente es como un pueblo puesto  que nos conocemos mucha gente y eso significa que podemos llegar a ser una gran familia, en  mi opiniónr. Y ¿lo que más le gusta de Ávila? 
Sus gentes y su muralla.

¿Y lo que menos? 
Las pocas posibilidades laborales que ofrece a los abulenses en general y sobre todo a los más jóvenes.Un lugar para perderse. 
Mi pueblo, Mingorría, y además en muchos de los parajes que tiene.

Un recuerdo de la infancia.
Las voces de mi madre a la puerta de casa diciendo mi nombre. Mucha gente del pueblo me lo sigue recordando. Como yo era un culo inquieto me escapaba de casa en cuanto podía a la tienda de enfrente con Belén (hoy en día como la hermana que no tengo). Como de niño comía muy mal (cosa que ahora no se nota, jijiji) me escapaba de casa a la mínima oportunidad

Un personaje abulense que le haya marcado. 
Sin lugar a dudas Jimena Blázquez, Para mí una gran feminista. Fue capaz de defender la ciudad de un ataque enemigo uniendo a las mujeres de la ciudad y utilizando la inteligencia y no la fuerza.

El mayor cambio que necesita Ávila es...
El aumento de su tejido empresarial. Ávila es una ciudad que vive del turismo, la hostelería y pequeños negocios. Por ello muchos de nuestros jóvenes tienen que irse de aquí la para desarrollarse profesionalmente y después poder encontrar un trabajo.
Y tiene que mantener... 
Tiene que mantener su cultura y sus tradiciones y por qué no, potenciarlas aún más ya que puede ser un buen nicho de nuevos yacimientos de empleo

¿Qué le parece Ávila hoy en día? 
Me parece una ciudad fantástica para vivir por su tranquilidad, por sus gentes, por su cultura y por su historia, aunque por diferentes motivos cada vez más abulenses se ven obligados a abandonar la ciudad por las pocas posibilidades que hay.

¿Cómo ve el futuro?
 Veo un futuro complicado y con esta crisis de COVID-19 lo veo más crudo. Creo que tenemos que reinventarnos y confiar plenamente en nuestros jóvenes, ya que ellos son realmente los más preparados y el futuro real de nuestra ciudad.

¿Qué puede aportar usted a la ciudad?
Gracias a mi faceta de actor puedo aportar una sonrisa a los abulenses y que durante una hora y media o dos horas se olviden de sus problemas y de sus preocupaciones. Tampoco aspiro a aportar mucho más.