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Julio Collado

Sostiene Pereira

Julio Collado


El tío Cándido

07/02/2022

Sostiene Pereira que, metidos de hoz y coz en una nueva campaña electoral, adelantada caprichosamente por el interés de Pablo Casado, los castellanos y leoneses, sufridos ciudadanos más allá de lo imaginable, tienen otra ocasión para intentar distinguir las «voces de los ecos». Llevan ya muchos días, entre precampaña y campaña, oyendo las mismas promesas de siempre y mustios porque de sus problemas apenas se habla ni antes ni ahora y, por tanto, no se solucionan. Andan algunos políticos en sus cosas banales, creando bulos y hablando por hablar de «vinos, chuletones y vacas» o recurriendo al retrógrado refrán, «Mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer», convirtiendo la política en un plató televisivo. De esta manera, intentan que los casos de corrupción de la Perla negra, el de los parques eólicos y otros cuantos, que afectan a los Gobiernos de CyL, queden en la recámara de la justicia, lenta como los bueyes, hasta que pasen las elecciones. A pesar de que, desgraciadamente para la democracia, la corrupción apenas tiene consecuencias políticas. Quizás, esta lacra social se ha infiltrado en toda la sociedad y es verdad eso que se oye a menudo: «Yo haría lo mismo si pudiera». Sea como fuere, esta situación produce tristeza. Si además, los proyectos tardan años y años en materializarse y se vuelven a prometer elección tras elección, hay serio peligro de que el personal tienda a evadirse de la política y crezca el individualismo. 
En las Cortes de Castilla y León, andaban últimamente en pelea continua porque el PP dificultaba el trabajo de diversas Comisiones de Investigación sobre la corrupción mientras defendía su apuesta por la transparencia. Al adelantar las elecciones, han aplicado el drástico refrán, «Muerto el perro, se acabó la rabia». Eso sí, siempre dicen que tienen la conciencia tranquila. Aunque, como escribió el historiador católico Lord Acton que «El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente», es fácil colegir que, en estas tierras en las que el PP, como el Cid, ha campeado casi siempre con mayorías absolutas desde  los Reyes Católicos, puedan destaparse muchas corruptelas. Tal vez, pasadas las elecciones, el tiempo dé más de una sorpresa. Atentos. 
Quizás, temiendo esa eventualidad y el que se hable de la ineficacia de sus gobiernos, el PP ha diseñado una campaña cuyo protagonista principal es ese mantra inventado y líquido, llamado sanchismo. El Gobierno del Presidente Sánchez es el nuevo lobo al que hay que echar de estas tierras sin reconocer que son otros lobos los que campan por aquí desde hace 35 años y que, con sus malas artes políticas, han asustado a muchas caperucitas y caperucitos dejando desiertas las  sierras además de quemadas, las llanuras, los valles y los pueblos. La despoblación y el envejecimiento subsiguiente es fruto de la huida de los jóvenes cuya buena formación sirve para aumentar el PIB de Madrid principalmente aunque también de lugares más lejanos. ¿Hasta cuándo esta sangría y cómo invertir esta situación? Convendría preguntarse antes de votar, qué dicen los programas electorales sobre esto y qué se dejó de hacer hasta ahora para tener una industria tan raquítica como la de Ávila. 
Ante este complejo panorama, es grato a la vez que instructivo,  acudir a los cuentos tradicionales que nacieron de la sabiduría popular y que el tiempo ha ido depurando y mejorando como a los olivos del Tiétar. En estos días  de feria  electoral, sostiene Pereira, la sencilla historia del Tío Cándido, que presta  título a estos comentarios, viene pintiparada:
«Tres estudiantes sopistas llegaron a un pueblo en el que había feria. Uno de ellos propuso divertirse al ver a un burro sacando agua de una noria. Ponedme a la noria, dijo a los otros, y llevaos el burro, que venderéis en el Rastro en un santiamén. Dicho y hecho. Desataron al borrico y se lo llevaron. Cuando habían desaparecido, el estudiante que hacía de burro dejó de dar vueltas a la noria y el agua dejó de llegar a la hortaliza. El hortelano, al que llamaban Cándido, se extrañó, miró hacia la noria y se llevó una buena sorpresa al ver a un muchacho en vez de a su burro. Se acercó a él y exclamó, ¿qué es esto? Y el estudiante le dijo:
– Mi amo, unas pícaras brujas me convirtieron en borrico por mal estudiante a petición de mi padre; pero ya cumplí el tiempo de mi encantamiento y he vuelto a mi primitivo ser.
El pobre hortelano se desesperó. Pero, ¿qué había de hacer? Le quitó los arreos y le dijo que se fuese con Dios. Y enseguida tomó tristemente el camino de la feria para comprar otro burro. El primero que le ofrecieron unos gitanos era su propio borrico. Apenas lo vio, echó a correr exclamando: ¡Quien no te conozca que te compre».