Ávila añora su Mercado Medieval

M.E
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Los abulenses echan de menos su fiesta por excelencia y los sectores económicos vinculados a su repercusión turística, como la hostelería, lamentan la pérdida en esta recta final del verano

Ávila añora su Mercado Medieval - Foto: David Castro

NADA  está siendo lo mismo en el que estaba llamado a ser el fin de semana del Mercado Medieval de Ávila. No hay pendones colgando de la Muralla, no hay atavíos de campesinos, caballeros, damiselas o reyes que avisen del viaje en el tiempo siglos atrás. Tampoco las barras de los bares y los balcones se han engalanado para la ocasión ni habrá concursos ni carreras. La calle Reyes Católicos ya no es la judería, los tiradores no han tomado el Arco de San Vicente, no hay camellos en el Grande, ni el Mercado Chico es un mercado cristiano. La plaza de Pedro Dávila tampoco es el zoco árabe y, por su puesto, no hay programadas justas medievales en el atrio de San Isidro. El viernes no hubo pasacalles de apertura y ningún espectáculo con luz y fuego ameniza las siempre frescas primeras noches de septiembre en la ciudad amurallada. Ávila, en definitiva, no está sumergida en el universo medieval que cada primeros de septiembre desde hace 24 años paraliza la vida del casco histórico para dedicarla al disfrute entre puestos de mercado, barras de hostelería, música itinerante y sabores y olores de otra época.
La pandemia de la COVID-19 se llevó finalmente por delante las Jornadas Medievales, pese a la postura del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Ávila de apurar hasta el último momento para tomar la dolorosa decisión. Las dificultades existentes para desarrollar la actividad cumpliendo con la normativa de las autoridades sanitarias para evitar contagios por la COVID-19 fueron determinantes y el 11 de agosto se comunicó la noticia que muchos no querían oír, aunque todos la entendieran por el rumbo que ha tomado la pandemia.
Los abulenses añoran a su Mercado Medieval, declarado de Interés Turístico Regional y para muchos las verdaderas fiestas de Ávila, esas en las que no faltan los encuentros con amigos y los reencuentros con los abulenses ausentes que se hacen más presentes que nunca en ese fin de semana. Pero más allá de la añoranza en términos festivos también la actividad económica se verá resentida por todo lo que supone el evento. Más de 100.000 personas, según los cálculos municipales, pueden llegar a darse cita en la ciudad en el fin de semana de las jornadas, lo que implica un montante económico incalculable para bares, restaurantes, hoteles y comercios de todo tipo. Entre ellos, los dedicados a la confección de trajes, que este año han tenido que paralizar las puntadas.
El Medieval venía siendo un soplo de aire fresco para muchos negocios en la recta final del verano de cara a hacer hucha para el invierno. Era, además, el inicio dorado de un septiembre boyante que este año no será tal. El festival Cir&co, aunque minimizado, resistió a la embestida, pero el resto de eventos tendrán que esperar.

 

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